“El tiempo que dedicamos a leer en voz alta es un tiempo que no puede compararse con ningún otro. Cuando una persona le lee a otra se da una alquimia milagrosa que convierte las cosas corrientes de la vida -un libro, una voz, un lugar donde sentarse y un poco de tiempo -en una energía extraordinaria para el corazón, la mente y la imaginación”. Así comienza este libro de Meghan Cox Gurdon, donde la autora describe los beneficios cognitivos y emocionales de la lectura en voz alta a cualquier edad.
Nuestros hijos están llenos de vitalidad, curiosidad y ganas de aprender. Debido a su impulsividad, quieren obtener respuestas a sus preguntas con inmediatez y, en ocasiones, caemos en la trampa de darles las respuestas sin favorecer su reflexión. Sin embargo, no podemos hacer nosotros todo el trabajo, tenemos que orientarles para que sean ellos los que vayan resolviendo, con nuestra ayuda, los interrogantes que les van a ir surgiendo durante su desarrollo.
Enseñarles a pensar de forma crítica va a resultar fundamental para su crecimiento personal, social y académico.
Siempre hemos destacado la importancia que tiene ir de la mano familia y colegio a la hora de educar a nuestros hijos y, a medida que pasan los años, lo veo con mayor nitidez.
El primer paso para que este binomio funcione correctamente es apostar por un colegio que esté alineado con nuestras propias ideas y valores. Tener claro qué es lo que queremos inculcar a nuestros hijos, no sólo en el plano académico sino, fundamentalmente, en el plano humano y espiritual.
Puede darse el caso en el que, por diversas circunstancias de la vida, no podamos optar por un ambiente escolar en coherencia con nuestras convicciones más profundas, esas que pensamos que podrían ser el mayor regalo que les demos a los hijos, pero eso no quiere decir que todo esté perdido ni todo vaya a la deriva porque, como bien sabemos, es la familia la primera escuela de valores y virtudes.
El prólogo está hecho por uno de los protagonistas de la película, Santi Rodríguez “Will Wilson”, que destaca como le ha ayudado participar en este proyecto para plantearse cómo ser mejor persona, haciendo el ejercicio de liberarse de cualquier rencor, sin dejarse atrapar por el odio.
¿Qué familia no ha vivido alguna vez una aventura? Toda familia tiene experiencias y aventuras que contar. La aventura de ser padres es una de ellas. Hay emoción, misterio, sorpresa, alegrías, dolor, miedo…
Dentro del mundo del adolescente podemos observar que, en muchas ocasiones, hay que repetirles las cosas constantemente. Aparentemente están apáticos sobre lo que se les dice, ¿pero realmente es así? En algunas circunstancias parece que, cuando nos dirigimos a ellos, solo entienden lo que quieren entender, es decir, se quedan con el mensaje que más les conviene. Es complicado saber qué se les pasa por la cabeza y por qué no priorizan las cosas como nosotros, adultos, que tenemos la lógica por bandera.
A veces, una historia puede lustrar lo que ocurre en muchos colegios, pero que pasa inadvertido. Esta es la historia que os proponemos:
“Alberto tiene 9 años y una fuerza tan grande como su mal humor. En el recreo, Alberto no jugaba a la pelota; la pateaba lejos para que nadie más pudiera usarla. No pedía las cosas; las arrebataba. Sus compañeros le tenían miedo y, poco a poco, el patio se quedaba en silencio cada vez que él aparecía.
Un día, Alberto intentó quitarle un dibujo a Mía, la niña más tranquila de la clase. Ella, en lugar de llorar o salir corriendo, lo miró a los ojos y le preguntó: "¿Por qué estás siempre tan enfadado, Alberto? Este dibujo no es nada, no significa nada ni para mí, ni para ti. Alberto, es solo es un papel".
La problemática tienen los jóvenes para tolerar el fracaso es una cuestión que quienes nos dedicamos a formar adolescentes conocemos de primera mano. Pero ¿por qué les cuesta tanto? ¿Qué es lo que les lleva a tener un umbral de frustración tan sumamente bajo?
El término fracaso, según la RAE, es un “suceso lastimoso, inopinado y funesto”. Ciertamente lo es en un sentido amplio, ya que puede haber fracasos de muchos tipos. En el caso del adolescente, se manifiesta como posible fracaso escolar, personal, familiar o emocional. Pero también cabría preguntarse qué significa “fracasar” en la cabeza de un adolescente y a qué consecuencias se pueden enfrentar cuando este no se gestiona correctamente.
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