El prólogo está hecho por uno de los protagonistas de la película, Santi Rodríguez “Will Wilson”, que destaca como le ha ayudado participar en este proyecto para plantearse cómo ser mejor persona, haciendo el ejercicio de liberarse de cualquier rencor, sin dejarse atrapar por el odio.
¿Qué familia no ha vivido alguna vez una aventura? Toda familia tiene experiencias y aventuras que contar. La aventura de ser padres es una de ellas. Hay emoción, misterio, sorpresa, alegrías, dolor, miedo…
Dentro del mundo del adolescente podemos observar que, en muchas ocasiones, hay que repetirles las cosas constantemente. Aparentemente están apáticos sobre lo que se les dice, ¿pero realmente es así? En algunas circunstancias parece que, cuando nos dirigimos a ellos, solo entienden lo que quieren entender, es decir, se quedan con el mensaje que más les conviene. Es complicado saber qué se les pasa por la cabeza y por qué no priorizan las cosas como nosotros, adultos, que tenemos la lógica por bandera.
A veces, una historia puede lustrar lo que ocurre en muchos colegios, pero que pasa inadvertido. Esta es la historia que os proponemos:
“Alberto tiene 9 años y una fuerza tan grande como su mal humor. En el recreo, Alberto no jugaba a la pelota; la pateaba lejos para que nadie más pudiera usarla. No pedía las cosas; las arrebataba. Sus compañeros le tenían miedo y, poco a poco, el patio se quedaba en silencio cada vez que él aparecía.
Un día, Alberto intentó quitarle un dibujo a Mía, la niña más tranquila de la clase. Ella, en lugar de llorar o salir corriendo, lo miró a los ojos y le preguntó: "¿Por qué estás siempre tan enfadado, Alberto? Este dibujo no es nada, no significa nada ni para mí, ni para ti. Alberto, es solo es un papel".
La problemática tienen los jóvenes para tolerar el fracaso es una cuestión que quienes nos dedicamos a formar adolescentes conocemos de primera mano. Pero ¿por qué les cuesta tanto? ¿Qué es lo que les lleva a tener un umbral de frustración tan sumamente bajo?
El término fracaso, según la RAE, es un “suceso lastimoso, inopinado y funesto”. Ciertamente lo es en un sentido amplio, ya que puede haber fracasos de muchos tipos. En el caso del adolescente, se manifiesta como posible fracaso escolar, personal, familiar o emocional. Pero también cabría preguntarse qué significa “fracasar” en la cabeza de un adolescente y a qué consecuencias se pueden enfrentar cuando este no se gestiona correctamente.
En la primera infancia se configuran los fundamentos del Desarrollo Armónico de la Identidad Personal (DAIP). En estos años, el niño comienza a construir una vivencia básica de sí mismo, de los otros y del mundo. Esta construcción es principalmente experiencial: se forja a través de relaciones significativas que integran afectividad, conducta y sentido.
El apego seguro no es solo un vínculo emocional, sino el primer soporte de la identidad personal. Cuando el niño experimenta adultos disponibles, estables y acogedores, se consolida en él una percepción nuclear: “soy valioso, soy querido y el mundo es un lugar confiable”. Esta base afectiva posibilita el despliegue progresivo de la exploración (dimensión cognitiva), la regulación emocional (dimensión afectiva) y la apertura a los demás.
Toda familia tiene su propia historia, sus tradiciones, sus antepasados, costumbres, los abuelos, los bisabuelos…. Es una riqueza que no puede pasar inadvertida. Gracias a ellos, estamos aquí y, cada uno se merece un mínimo de protagonismo en nuestra vida y en la de nuestros hijos.
Jim Carrey da vida a Truman Burbank, un hombre trabajador y corriente de mediana edad que vive felizmente con su mujer en un barrio tranquilo y acogedor de clase media.
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