Educar a nuestros hijos

Los Programas de Familias DAIP (Desarrollo Armónico de la Identidad Personal) de Identitas responden a la necesidad de educar a nuestros hijos en la total expresión de sus posibilidades personales. Sólo así serán capaces de cambiar su futuro como ellos mismos decidan libremente, sin claudicar a las presiones ambientales que pueden disgregar la unidad personal.

 

La base educativa de todos los Programas de Familias DAIP es el desarrollo de la identidad personal, en la que confluyen constituyentes y dimensiones. Los constituyentes dan razón de las características específicas y únicas de cada persona: singularidad, apertura, originación; y las dimensiones (física, afectiva, intelectiva y volitiva) en que se expresa distinguen, en la unidad y complejidad de la persona, sus diferentes manifestaciones en el cuerpo, en los afectos, en la inteligencia y en la libertad.

La educación que se promueve desde Identitas se distingue por estas tres características: integral, proyectada y positiva:

Integral y armónica

El proceso educativo, para conseguir su mejor eficacia ha de potenciar el crecimiento en todos los constituyentes de la persona y en las distintas dimensiones en la que la persona se manifiesta. Al final todo proceso educativo parte y termina en la persona, en cada persona.

Proyectada

La confección de un proyecto educativo familiar y de un Plan personal de mejora para cada hijo/a da coherencia y sentido a toda la tarea educativa. También permite adelantarse a las situaciones educativas que se puede presentar, educando en futuro y de modo preventivo, ganando en coherencia y en eficacia.

Positiva

Se avanza mejor y más rápidamente cuando los progresos personales se basan en lo positivo, en los logros, en lo que se hace bien. De esta forma, los aprendizajes quedan mejor grabados y se refuerza la autoestima y la seguridad personal, necesarias para afrontar con ilusión los retos diarios de la vida.

El programa general de cada uno de los programas DAIP se basa en la concepción de persona de Identitas:

Organización de Programas de Familias DAIP en colegios

Los colegios que estén interesados en implantar los Programas de Familias DAIP pueden elegir entre estas tres modalidades:

El Colegio, directamente

Identitas forma a los profesores del Colegio y ellos imparten directamente las sesiones a los padres de sus clases y realizan las entrevistas personales con cada familia, con la periodicidad prevista en el Proyecto Educativo.

Colaboración Identitas-Colegio

a. Se forma a los profesores para que ellos realicen las entrevistas personales con las familias y les enseñen a utilizar las agendas DAIP.

b. Los profesores de Identitas se responsabilizan directamente de las conferencias.

Identitas, directamente

Identitas asume directamente la formación de los grupos DAIP con los padres interesados, entre diez y doce matrimonios, una reunión mensual con la sesión y el foro de la lectura correspondientes, una entrevista personal al trimestre con el Asesor DAIP de Identitas.

La agenda DAIP

La agenda DAIP es un instrumento que sirve para comprobar la evolución educativa de cada uno de los hijos. En ella podremos concretar los objetivos de mejora de cada hijo y anotar el progreso de lo logrado para poder revisarlo en las entrevistas personales con el tutor.

La estructura de sus páginas responde al concepto de persona DAIP en el que se distingue constituyentes y dimensiones. Por este motivo se ha reservado un espacio para observar la conducta de los hijos, otro apartado para concretar el objetivo a trabajar y un tercero para anotar los indicadores de progreso, para evaluar la mejora de la conducta.

En cada dimensión se propone un Cuestionario de Observación de referencia, para ilustrar los que cada familia han de crear para cada uno de los objetivos de mejora de sus hijos.

En las entrevistas personales padres-tutor es donde se deben analizar los resultados y prever los cambios de estrategia oportunos, contando siempre con el protagonista de la historia: el hijo.

Los indicadores de progreso se han de establecer para cada objetivo y para cada hijo. Han de ser medibles, claros, precisos y relacionados con la consistencia del logro.

Materiales de los Programas DAIP

Cuaderno para padres

– Breve introducción de cada una de las sesiones que completa el programa.

– Las presentaciones utilizadas en las sesiones con espacio para tomar notas.

– Orientaciones prácticas para reflexionar y llevar a cabo en cada familia.

– Un libro para leer.

16 presentaciones

Las sesiones de trabajo responden a la idea de persona en la que se basan todas las propuestas de Identitas, para renovar la educación en casa y en los colegios y para ayudar a que las familias sean cada día más felices, aprendiendo a amar mejor.

Un asesor personal

Para cada uno de los inscritos en el Programa.

Orientaciones prácticas en casa

En cada sesión se sugieren algunas actividades familiares o personales, para concretar los contenidos que se han tratado. Estas y otras actividades pueden personalizarse en la entrevista con el asesor DAIP.

Libros y películas

Cada una de las sesiones de trabajo se acompaña de una bibliografía para leer y trabajar y, en Comunicar el Amor, una película para disfrutar juntos. Antes de cada una de las sesiones se dedica un tiempo a comentar lo más destacado del libro y la película del mes.

Una página web

Las familias tienen una cuenta personalizada para poder acceder a la web de los programas en los que esté inscrita y disponer de información adicional para mejorar la educación de los hijos. Algunos de estos contenidos son:

Presentaciones de cada una de las sesiones – Recursos audiovisuales (vídeos, canciones…) – Bibliografía recomendada – Películas relacionadas con las sesiones –
– Artículos de interés – Material de refuerzo – Newsletter específica de cada programa – Actividades y novedades de Identitas

Los Programas de Familias DAIP en que se concreta esta propuesta educativa son:

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0-6 años

Educar a nuestros hijos - Programas de Familias DAIP - Identitas

6-12 años

Educar a nuestros hijos - Programas de Familias DAIP - Identitas

12-18 años

Educar a nuestros hijos - Programas de Familias DAIP - Identitas

Para matrimonios

¿Por qué este programa?

Educar desde Pequeños es un programa de Educación Familiar dirigido a padres con hijos hasta seis años. En esta edad se consolidan los factores básicos de la personalidad de los hijos, que imitan a los padres con afán de poseer las cualidades positivas de sus principales modelos.

El nacimiento de un hijo supone el mayor acto de creatividad y novedad que puede darse en este mundo. No habrá jamás nadie como él. Es único.

La educación ha de ser, necesariamente, única, personal, propia, con rasgos y características que servirán para conocer y desarrollar lo que sólo él puede ser capaz de expresar y ser. Y esta educación se recibe en primer término y de forma más significativa en la familia. El influjo educativo familiar es decisivo en todo el proceso de maduración personal.

Educar es en cierto modo ayudar a crecer a cada hijo.

Crecer es un proceso que se realiza unido al resto de la actividad humana y conlleva una multiplicidad de interacciones. Es importante proporcionar la oportunidad de desarrollar al máximo, cada uno de los constituyentes y dimensiones que conforman la identidad personal de cada uno de los hijos.

Desde el principio ha de crecer en un ambiente muy rico en cariño, reflejo del amor de los padres. Esa es la mejor garantía de un desarrollo armónico, estable y seguro, generador de una sana autoestima con la que enfrentarse a los retos físicos del crecimiento y a las inseguridades propias de todo cambio, para aceptarse como es, confiar en quienes le rodean y quieren, y atreverse a conquistar su propio ámbito de autonomía personal.

VER EL PROGRAMA

LA EDUCACIÓN ES UN PROCESO QUE DURA TODA LA VIDA, PERO SE CIMENTA SÓLIDAMENTE CUANDO SE INICIA DESDE PEQUEÑOS

Sesiones del programa

  1. Cuido mi cuerpo
  2. El cuidado de las cosas
  3. Los demás también existen
  4. La piedad de los niños
  5. Autoestima
  6. El estudio y el juego
  7. Relaciones enriquecedoras
  8. El abrazo de jesús
  9. Conocimiento propio
  10. El estudio y el juego
  11. Dialogar es más inteligente
  12. La familia de Dios
  13. Sinceridad
  14. La virtud del trabajo
  15. Comprendo a los demás
  16. El amor de Dios

¿Por qué este programa?

El nacimiento de un hijo supone el mayor acto de creatividad y novedad que puede darse en este mundo. No habrá jamás nadie como él. Es único. La educación ha de ser, necesariamente, única, personal, propia, con rasgos y características que servirán para conocer y desarrollar lo que sólo él puede ser capaz de expresar y ser. Y esta educación se recibe en primer término y de forma más significativa en la familia. El influjo educativo familiar es decisivo en todo el proceso de maduración personal. Educar es en cierto modo ayudar a crecer a cada hijo.

Crecer es un proceso que se realiza unido al resto de la actividad humana y conlleva una multiplicidad de interacciones. Es importante proporcionar la oportunidad de desarrollar al máximo, cada uno de los constituyentes y dimensiones que conforman la identidad personal de cada uno de los hijos.

Desde el principio ha de crecer en un ambiente muy rico en cariño, reflejo del amor de los padres. Esa es la mejor garantía de un desarrollo armónico, estable y seguro, generador de una sana autoestima con la que enfrentarse a los retos físicos del crecimiento y a las inseguridades propias de todo cambio, para aceptarse como es, confiar en quienes le rodean y quieren, y atreverse a conquistar su propio ámbito de autonomía personal.

Dimensión Física

Actualmente no existe duda de que un buen desarrollo sensoriomotor durante la infancia es la base para un aprendizaje adecuado. Este desarrollo incide de forma notable en el psiquismo de los niños, ya que el desarrollo intelectual se apoya en la madurez del sistema nervioso. Desde los primeros momentos de la vida, el niño responde a los estímulos del medio ambiente con el movimiento.

Los ejercicios físicos que el niño realiza favorecen el desarrollo de su percepción, atención, inteligencia, voluntad, etc. Son, además, preparación para el aprendizaje de la lecto escritura y el cálculo. Desarrollando las facultades sensoriales y cognitivas del niño de forma equilibrada se le ayuda a afrontar las exigencias que le suponen los aprendizajes posteriores.

Habrá que estar pendiente del desarrollo motor grueso y de la coordinación de movimientos. Y también, con posterioridad de la motricidad fina, ligada al uso de las manos y a la escritura. Para esto son muy interesantes los ejercicios neuromotores.

Especial atención merecen los hábitos básicos de higiene, alimentación y sueño, hábitos corporales, que serán la base de otros hábitos de conducta y autodominio.

La regla de oro es que todo lo que pueda hacer por sí mismo, lo haga.

Dimensión afectiva

El niño va a adquirir progresivamente autonomía para actuar e interactuar. Para ello ha de ir desarrollando un autoconcepto positivo y seguridad personal.

Progresivamente va a asimilar las reglas que rigen la vida social: irá conociendo e interiorizando las pautas de comportamiento y las normas de su familia y grupo de compañeros. Al final de esta etapa manifiesta sus preferencias por determinados compañeros de juego, y aparecen los amigos inseparables de su mismo sexo.

Pasa momentos en su desarrollo (entre los tres y cuatro años) de rebeldía y autoafirmación, pero, una vez superados, su comportamiento general mejora y se encuentra cómodo y contento en casa, y se muestra protector y cariñoso con los hermanos menores.

La emotividad cambia según las circunstancias favorables o adversas que él considera. A los seis años el niño es alegre, ríe, chilla, muestra su satisfacción en los ojos y movimientos corporales después de una intervención. En definitiva, es el centro de su propio universo.

Dimensión intelectual

Muy ligada en los primeros años de vida al desarrollo sensorial y motor, se manifiesta especialmente en el desarrollo del lenguaje.

La gran adquisición es el aprendizaje de la lecto-escritura. El conocimiento y uso de símbolos en la lectura y la interpretación de sus mensajes son el objetivo fundamental de este nuevo aprendizaje que le interesa mucho, si ha sido bien motivado.

El lenguaje ya está completo en estructura y forma, se expresa con frases correctas y terminadas, incluso oraciones subordinadas.

Una vez que el niño es capaz de representar mentalmente imágenes de la realidad, está capacitado para desarrollar de modo paralelo la imaginación creativa, manipulando y combinando representaciones e imágenes ya poseídas y asimiladas.

El pensamiento del niño pequeño es egocéntrico y carece del poder de razonamiento que le permitiría distinguir entre su conciencia y forma de pensar como algo subjetivo independiente del mundo objetivo. Por eso, tiene aún una inocencia intelectual y da vida a todo lo inanimado ( juguetes, muñecos, etc.). Este hecho se contradice con la engañosa madurez que aparenta y su discurso verbal razonador, y con el dominio de la gramática y el lenguaje.

Dimensión volitiva o de la libertad

Tiene conciencia clara de sí, pero en dependencia del adulto. Está orgulloso de lo que sabe hacer y es muy sensible a la alabanza. Le gusta colaborar con el adulto.

Va a ir aprendiendo lo que está bien y lo que está mal y es importante que se sienta bien haciendo el bien y mal haciendo el mal.

Puede, progresivamente realizar pequeños encargos de ayuda en casa.

En estas edades no se adquieren propiamente virtudes, pero sí se consiguen hábitos de comportamiento sin los que no se podría hablar después de virtud. Tienen especial interés en esta etapa de la vida, los hábitos de orden, que aprende imitando y jugando, especialmente los corporales: alimentación higiene y sueño. También es importante la sinceridad y conviene aprovechar su incipiente sentido de la justicia.

También cobran especial importancia, sobre todo al final de este periodo, todos los hábitos de autodominio (guerra al capricho) y de fortaleza, que le servirán de base para modelar la vida afectiva, aumentar su inteligencia y entrenarse con sus primeros actos libres.

En estas edades, familia y colegio pueden presentar modelos de conducta a los niños (ser ejemplo y ofrecer ejemplos) y promover, a través de la observación e imitación, la adquisición de hábitos que con el tiempo llegarán a racionalizarse.

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¿Por qué este programa?

Esperar la Pubertad es un programa de Educación Familiar dirigido a padres con hijos entre seis y doce años. Es un buen momento para lograr un aumento de la autoestima o sentimiento positivo propio. Tiene una mayor conciencia de sí mismo y disfruta sintiéndose importante y útil. En esta etapa aprenden a ser más autónomos, ayudan más en casa y consideran a sus padres como modelos a los que quieren imitar.

De los seis a los doce años aparecen cambios fundamentales en toda la persona caracterizados por una mayor apertura y madurez en todos los órdenes. Tiene una mayor conciencia de sí mismo, aunque le encanta estar con sus iguales, jugar y relacionarse. De esta forma se afirma su identidad. Las diferencias evolutivas entre chicos y chicas es cada vez más significativa e invita a fijar las bases de una educación de las sexualidad y el amor en el ambiente más propio que es el de la familia.

Muchos se refieren a esta etapa como la edad escolar, pero también se podría caracterizar como la edad familiar, porque durante este tiempo aprenden a ser más autónomos, ayudan más en casa, “obedecen” con poca resistencia, consideran a sus padres como héroes y modelos a los que quieren imitar, y asimilan con gran rapidez todos los cambios que se van produciendo en su aspecto físico, en su afectividad, en su inteligencia y en el modo de vivir los hábitos y virtudes que le permiten ser más libre, en las relaciones con los demás, en su trabajo escolar y en su trato con Dios.

Como sucede siempre en la vida, esta maduración se produce sin pausa y sin “llamar la atención”, pero no es una maduración “automática”, sino que es tanto más sólida y consistente cuanto mayor es la intencionalidad educativa de la familia y del colegio, y más acertado es el proyecto educativo personal de cada hijo.

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ESTE PERIODO ES MUY IMPORTANTE PARA ADQUIRIR HÁBITOS QUE FACILITEN EL AUTODOMINIO CORPORAL, AFECTIVO E INTELECTUAL, Y PREPARARSE PARA LA LLEGADA DE LA ADOLESCENCIA

Sesiones del programa

  1. Los cambios físicos
  2. Las paredes educan
  3. Los primeros amigos
  4. Piedad creciente
  5. La forja del carácter
  6. Las dificultades me ayudan
  7. Las relaciones afectivas
  8. Seguridad en Jesucristo
  9. Lo que sé de mí
  10. Estudio y juego, mi vida
  11. Leer y escuchar
  12. Dios Hombre
  13. Virtudes personales
  14. Las virtudes del trabajo
  15. Alguien me comprende
  16. Para ser feliz, construir la identitad

¿Por qué este programa?

De los seis a los doce años aparecen cambios fundamentales en toda la persona caracterizados por una mayor apertura y madurez en todos los órdenes. Tiene una mayor conciencia de sí mismo, aunque le encanta estar con sus iguales, jugar y relacionarse. De esta forma se afirma su identidad. Las diferencias evolutivas entre chicos y chicas es cada vez más significativa e invita a fijar las bases de una educación de las sexualidad y el amor en el ambiente más propio que es el de la familia.

Muchos se refieren a esta etapa como la edad escolar, pero también se podría caracterizar como la edad familiar, porque durante este tiempo aprenden a ser más autónomos, ayudan más en casa, “obedecen” con poca resistencia, consideran a sus padres como héroes y modelos a los que quieren imitar, y asimilan con gran rapidez todos los cambios que se van produciendo en su aspecto físico, en su afectividad, en su inteligencia y en el modo de vivir los hábitos y virtudes que le permiten ser más libre, en las relaciones con los demás, en su trabajo escolar y en su trato con Dios.

Como sucede siempre en la vida, esta maduración se produce sin pausa y sin “llamar la atención”, pero no es una maduración “automática”, sino que es tanto más sólida y consistente cuanto mayor es la intencionalidad educativa de la familia y del colegio, y más acertado es el proyecto educativo personal de cada hijo.

Dimensión Física

El desarrollo corporal en esta edad es vertiginoso al principio y al final y más moderado entre los ocho y los diez años. En general, realiza actividades encaminadas a aumentar la resistencia física y la fuerza muscular con juegos de ritmo, música y pelota. Posee un hemisferio dominante. Va madurando y afianzando su lateralidad, que le permite una mayor habilidad en su comportamiento motor y le agrada ostentar sus habilidades. El dominio de la lateralidad, facilita la correcta localización y orientación espacio-temporal, la comunicación con los demás y la memoria en términos de tiempo y espacio.

Empieza a articular todos los sonidos y experimenta con ellos. Usa correctamente los tiempos verbales, los plurales y los pronombres. Intercambia información objetiva, pero le cuesta expresar ideas y sentimientos. Le gustan las adivinanzas y los juegos de palabras. Adquiere un vocabulario creciente y usa de forma correcta la mayoría de las palabras que conoce. Comprende frases elaboradas. Lee comprensivamente. Es un momento especialmente adecuado para que se responsabilice de todo lo que relación directa con su actividad: su habitación, su higiene personal, sus horarios de trabajo, juego y ayuda en casa.

Dimensión afectiva

Al principio sigue siendo el centro de su propio universo. Egocéntrico. Dominador, obstinado y agresivo. Emocionalmente excitable, desafiante. Tiene un comportamiento inconsecuente al intentar hallar formas de relación que tengan éxito. Se basa en sus normas para juzgar sus actos y los de sus compañeros. La madre ya no es el centro del mundo del niño, ya que él mismo ocupa ahora esa posición. Esta autonomía del niño respecto a la madre no es aún completa, siendo muy sensible a los estados de ánimo y tensiones.

Respeta y admira más a un padre, le agrada jugar con él. La falta de madurez afectiva los lleva a tener afán por llamar la atención, ser tenidos en cuenta y sentirse queridos, así como a sentir envidia, a excluir del trato a unos, acaparando el de otros, y a manifestar, a veces, comportamientos “violentos” que manifiestan insensibilidad hacia los demás. Los sentimientos no son muy duraderos y oscilan entre la alegría y la tristeza, aunque la alegría es más permanente, por lo que predomina en este período una actitud optimista, de buen humor.

Dimensión intelectual

Es la edad propicia para el desarrollo del pensamiento operativo concreto, la llamada edad de la razón. El proceso natural que siguen es el paso de lo intuitivo e imaginativo a lo racional, para llegar a sintetizar y estructurar sus propios conocimientos. La inteligencia sensomotora pasa a ser lógica, aunque necesite de los sentidos para captar las cosas, ya que el razonamiento abstracto vendrá después, alrededor de los doce años. Empiezan a razonar por sí mismos a partir de los porqués, y son frecuentes las preguntas sobre el porqué o para qué de las cosas.

Sigue acumulando experiencia suficiente para distinguir entre realidad y fantasía. Este mundo de realidades se forma gracias a su mayor memoria para recordar las experiencias y a su mayor capacidad para simbolizarlas. Quiere aprender cosas. Es capaz de proyectar la manera de resolver un problema y de comprender sus consecuencias. Identifica un objeto por el tacto.

Uno de los intereses prioritarios en este momento es el de la afición por la lectura, sobre todo por aquéllas en las que predomina el diálogo de los personajes y las que se centran en la acción. La lectura, al ser argumental, ofrece al niño razonamientos que él no es capaz aún de realizar por sí solo, y de los que va aprendiendo. Aunque aún se encuentran yuxtapuestas realidad y fantasía, distingue el mundo real del fantástico.

Dimensión volitiva o de la libertad

Este período constituye la etapa de mayor desarrollo del criterio moral, por el progreso cognitivo, por el creciente poder de interiorización y por el gran número de oportunidades de participación y desempeño de papeles nuevos en todos los ambientes donde el niño se desenvuelve. Los sentimientos morales se van independizando de los de los padres. El desarrollo intelectual alcanzado le facilita la realización de sus propios juicios morales.

El pensar analítico facilita el diferenciar el bien del mal y contribuye a una mayor valoración moral tanto de la propia conducta como de la ajena. Suelen aceptar sin crítica los valores dados por los adultos, aunque a veces sean excesivamente justicieros e inflexibles, sobre todo con sus hermanos menores. Al final de esta etapa comienza a surgir el afán de independencia y es necesario insistirles en la obediencia con motivaciones positivas. Importa mucho explicarles el “porqué”; no basta señalarles el “qué” y el “cómo”.

Hay que aprovechar las ocasiones ordinarias en casa y en el colegio, para que puedan entrenarse en la práctica de los hábitos y virtudes. Encauzar positivamente su fuerte inclinación hacia la amistad y el compañerismo, les ayuda a entender que esos valores suponen entrega a los demás, espíritu de colaboración y servicio, de lealtad y solidaridad.

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¿Por qué este programa?

Sobrevivir a los adolescentes es un programa de Educación Familiar dirigido a padres con hijos entre doce y dieciocho años. La adolescencia es una edad especialmente importante para educar en futuro. Los adolescentes son conscientes de que son protagonistas de su propia vida y para llevarla a buen término requieren del cariño, la atención y el ejemplo de sus padres.

La adolescencia es una etapa en la que padres e hijos, profesores y alumnos, viven con una intensidad especial todos los momentos que pasan juntos. Los adolescentes la recuerdan como “ese periodo de la vida en el que los padres están insoportables”; mientras que los padres aún están esperando reponerse del terremoto adolescente de sus hijos: han agotado todos los tranquilizantes de la farmacia.

Los adolescentes viven este periodo con una especial novedad, y no es para menos, porque, efectivamente, estrenan de todo: cuerpo, afectos, inteligencia, relaciones y modo de vivir su libertad. Si los padres y educadores pueden prever esas situaciones, tendrán más oportunidades de acertar en su educación.

Los adolescentes son como unos recién nacidos, muy necesitados de ayuda, y están en una fase de inestabilidad hacia la madurez y responsabilidad, por eso son capaces de grandes ideales y de pequeños comportamientos “infantiles”. Ellos son los primeros en descubrir los cambios que se están operando en su persona, en todas las dimensiones (física, afectiva, intelectiva y volitiva) y en las manifestaciones de la singularidad (sacan a relucir su mismidad), de la apertura (las relaciones con el trabajo y con las personas más cercanas se vuelven más que problemáticas), y de la originación (un trato personal con Dios con altibajos en muchas ocasiones).

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LOS ADOLESCENTES SON CONSCIENTES DE QUE SON PROTAGONISTAS DE SU PROPIA VIDA Y PARA LLEVARLA A BUEN TÉRMINO REQUIEREN DEL CARIÑO, LA ATENCIÓN Y EL EJEMPLO DE SUS PADRES

Sesiones del Programa

  1. Tengo un cuerpo nuevo
  2. Las cosas tropiezan conmigo
  3. Todos no son mis amigos
  4. Piedad adolescente
  5. ¡Qué guapo soy!
  6. Nada se interpone en mi camino
  7. Claroscuro de amigos
  8. La sonrisa de Dios
  9. Yo sé quién soy
  10. El estudio es mi trabajo
  11. Leer es dialogar
  12. Formar la conciencia
  13. Nuevas virtudes por estrenar
  14. Pereza y diligencia, para empezar
  15. ¿Alguien me entiende?
  16. La amistad de Dios

¿Por qué este programa?

La adolescencia es una etapa en la que padres e hijos, profesores y alumnos, viven con una intensidad especial todos los momentos que pasan juntos. Los adolescentes la recuerdan como “ese periodo de la vida en el que los padres están insoportables”; mientras que los padres aún están esperando reponerse del terremoto adolescente de sus hijos: han agotado todos los tranquilizantes de la farmacia.

Los adolescentes viven este periodo con una especial novedad, y no es para menos, porque, efectivamente, estrenan de todo: cuerpo, afectos, inteligencia, relaciones y modo de vivir su libertad. Si los padres y educadores pueden prever esas situaciones, tendrán más oportunidades de acertar en su educación.

Los adolescentes son como unos recién nacidos, muy necesitados de ayuda, y están en una fase de inestabilidad hacia la madurez y responsabilidad, por eso son capaces de grandes ideales y de pequeños comportamientos “infantiles”. Ellos son los primeros en descubrir los cambios que se están operando en su persona, en todas las dimensiones (física, afectiva, intelectiva y volitiva) y en las manifestaciones de la singularidad (sacan a relucir su mismidad), de la apertura (las relaciones con el trabajo y con las personas más cercanas se vuelven más que problemáticas), y de la originación (un trato personal con Dios con altibajos en muchas ocasiones).

Dimensión Física

La adolescencia comienza con la aparición de las hormonas que regulan la sexualidad, y con una serie de cambios de crecimiento físico, continuación de lo que se inició al final de la pubertad: aumento de las mamas, el vello en axilas y pubis, altura y peso descompensados, etc. Que requieren un nuevo entrenamiento para volver a tener el autodominio físico perdido por los nuevos desarrollos.

A esta situación hay que añadir los riesgos a los que se ven sometidos los adolescentes con las modas de nocturnidad, costumbres regadas con alcohol, posibilidad de uso y consumo de drogas, disfunciones alimentarias, y otros riesgos que afectan a su cuerpo de forma directa, y repercute en los estudios, en la convivencia, y en aumentar la inseguridad característica de gran parte de la adolescencia.

Ahora hay que continuar, de modo nuevo, la educación de la sexualidad y el amor en los adolescentes. Es claro que las ideas que inundan los ambientes adolescentes no les permite conocer la sexualidad propia y la del otro sexo, como vehículo para expresar el amor, confundiendo muchas veces el amor, la sexualidad, el sexo y el placer. Esta confusión les lleva a vivir experiencias personales para las que no están preparados madurativamente, y consecuentemente, les hace sufrir y les desorienta.

Dimensión afectiva

La afectividad adolescente es inestable (bruscos cambios de humor) y disarmónica, como sucede con todas las otras dimensiones de la persona, por eso es más necesario que siempre conocer cómo es esta nueva afectividad: las emociones básicas, las pasiones, los sentimientos. Una de las deficiencias educativas más claras es el analfabetismo sentimental de los hijos adolescentes, con unas repercusiones muy directas en su desarrollo intelectual y madurativo. No saber cómo reaccionan, ni cómo comprender las reacciones de los demás, les desconcierta y les hace sufrir doblemente, manifestándose con una impulsividad desconocida, o un retraimiento preocupante.

La intimidad se hace presente en algunas conductas egocéntricas y presuntuosas (habla en primera persona, se siente víctima, se ruboriza cuando se habla de él o de ella, y siente una desconfianza generalizada. Necesita seguridad y pueden aparecer sentimientos de duda e inferioridad, y necesidad de autoafirmación.

La afectividad no puede entenderse de forma aislada, sino que ha de integrarse en la unidad de la persona.

Dimensión intelectual

La inteligencia de los adolescentes es una inteligencia nueva. De la inteligencia lógica y concreta se pasa a la abstracción. La abstracción les permite otro modo de conocer la realidad, con una mayor profundidad. El pensamiento comienza a independizarse de la imaginación, y la memoria mecánica se sustituye por una nueva, lógica y discursiva, que la va a necesitar académicamente.

Tienen capacidad para el esfuerzo intelectual continuado, pero buscan la inmediatez en los resultados y les falta hábitos positivos de orden y planificación para conseguir el del estudio diario y constante. A veces, buscan más memorizar que comprender, porque les supone menos esfuerzo, pero la nueva inteligencia necesita del entrenamiento de la nueva comprensión para seguir creciendo y madurando.

La actitud crítica incipiente les lleva a pasar por su propio tamiz de juicio todo lo que se les dice y leen, y no aceptan con facilidad las ideas ajenas, con independencia de que sean mejores o peores, simplemente por ser ajenas no propias.

Las nuevas posibilidades intelectuales permiten dialogar con los adolescentes de forma nueva y creativa, y fundamentar el proyecto personal de vida que buscan imperiosamente, para ser quien sólo ellos pueden llegar a ser.

Dimensión volitiva o de la libertad

Una de las características más claras de la adolescencia es el cambio de actitud ante las conductas y hábitos propios de la infancia. Parece que no ha servido de nada todo el trabajo educativo realizado con anterioridad. Los hábitos que ya tenían adquiridos desaparecen como por arte de magia y hay que empezar de nuevo. Los hábitos han de convertirse en virtudes propias; ya no son actos mecánicos y rutinarios, sino actos conscientes e intencionales, que darán lugar a las nuevas rutinas, a virtudes queridas en primera persona.

Estas nuevas virtudes constituyen la base sólida de la amistad, del amor. Dos realidades que se viven con una intensidad tal que se nota en el cuerpo, en los afectos, en la inteligencia, en la libertad que se está entrenando. Con la amistad se ponen en juego muchas virtudes, que servirán para construir el amor feliz posterior: la comprensión, la entrega, el espíritu de sacrificio, la alegría, desvivirse por el otro.

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¿Por qué este programa?

Comunicar el amor es un programa dirigido a matrimonios, para ayudarles a superar las dificultades ordinarias de la vida en común y a descubrir que pueden ser más felices cada día.

Comunicar el amor es un programa dirigido a los padres que se quieren, para ayudarles a superar las dificultades ordinarias de la vida en común y a descubrir que pueden ser más felices cada día.

El amor es una virtud que puede crecer cada día, si aprende a realizar actos de amor. Muchas personas se quieren pero no saben expresarlo adecuadamente y los mensajes que le mandan a su amor terminan siendo equívocos o desconcertantes. Con este programa aprenderemos a través de dieciséis sesiones a conocernos mejor y a practicar actos de amor que permitan incrementar la felicidad de quien amamos.

Los padres que se quieren mejor generan un ambiente de cariño en casa, necesario para que sus hijos adquieran una personalidad segura, estable y armónica.

Las dieciséis sesiones del Programa Comunicar el Amor se complementan con un libro para trabajar, una película para disfrutar juntos y unos “deberes” para reforzar la complicidad que la intimidad del amor

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LOS PADRES QUE SE QUIEREN MEJOR GENERAN UN AMBIENTE DE CARIÑO EN CASA, QUE SUS HIJOS NECESITAN, PARA ADQUIRIR UNA PERSONALIDAD SEGURA, ESTABLE Y ARMÓNICA.

Sesiones del Programa

  1. Ella es un misterio ¿y él?
  2. TV, internet y otras carcomas
  3. ¿Sabe ella que la quieres?
  4. La sexualidad del amor
  5. De emociones, pasiones y sentimientos
  6. Crisis y otros cambios a los cuarenta…
  7. Hijos, suegros y demás familia
  8. La afectividad de Dios que ama
  9. Saber para vivir
  10. El trabajo (el de casa) es cosa de dos
  11. Discute que algo queda
  12. Dios sabe mucho de amor
  13. El vuelo de las virtudes
  14. El trabajo, ¿ciega el amor?
  15. Existo para hacerte feliz
  16. Cómo ser feliz siempre

¿Por qué este programa?

Comunicar el amor es un programa dirigido a los padres que se quieren, para ayudarles a superar las dificultades ordinarias de la vida en común y a descubrir que pueden ser más felices cada día.

El amor es una virtud que puede crecer cada día, si aprende a realizar actos de amor. Muchas personas se quieren pero no saben expresarlo adecuadamente y los mensajes que le mandan a su amor terminan siendo equívocos o desconcertantes. Con este programa aprenderemos a través de dieciséis sesiones a conocernos mejor y a practicar actos de amor que permitan incrementar la felicidad de quien amamos.

Los padres que se quieren mejor generan un ambiente de cariño en casa, necesario para que sus hijos adquieran una personalidad segura, estable y armónica.

Las dieciséis sesiones del Programa Comunicar el Amor se complementan con un libro para trabajar, una película para disfrutar juntos y unos “deberes” para reforzar la complicidad que la intimidad del amor necesita para expresarse confiadamente.

Dimensión Física

El amor siempre tiene manifestaciones de totalidad. No se conforma con una parte. Se ama a la persona entera: el cuerpo, el carácter, los pensamientos, las decisiones de vida.

El amor se expresa materialmente en multitud de detalles pequeños: una sonrisa, un Te Quiero, un beso, un whatsapp a media mañana, pasar por una confitería antes de volver a casa y comprar un croissant para compartir, etc.; y también se expresa a través de la sexualidad, que es el lenguaje del amor.

Es muy importante cuidar diariamente estas manifestaciones materiales del amor, para que la rutina, que es la carcoma del amor, no impida el desarrollo de un amor que no acaba nunca. No hay que dar por supuesto que ya se sabe que nos queremos, hay que hacer esta realidad tangible. Que se note.

Descubrir el amor que se encierra en las pequeñas cosas permite colorear la convivencia con sabores y olores nuevos y propios, que rejuvenecen y acrecientan el amor.

Dimensión afectiva

Emociones, pasiones, sentimientos… la vida afectiva nunca se expresa en blanco y negro, siempre aporta el relieve a todas las acciones. Conocer nuestras reacciones y ponerlas al servicio del amor aporta profundidad y seguridad a la intimidad que nuestra relación requiere.

Nuestro carácter, con sus altibajos de autoestima y confianza, de ternuras y empatías puede afianzar o arruinar un amor de muchos quilates. Es importante saber cómo somos, para entregarnos plenamente a quien amamos, sin que el mal genio y las caras serias desfiguren nuestro amor verdadero.

Aprender a conocer, expresar y comprender nuestra afectividad y la de nuestro amor, es garantía segura para hacer felices a los que nos quieren.

Dimensión intelectual

El amor inteligente aprende de la experiencia ordinaria y permite a los enamorados amar más y mejor, cada día. Estar pendiente de nuestro amor; recordar los momentos felices y las experiencias comunes; imaginar un futuro juntos ilusionante; crear situaciones nuevas y momentos únicos para disfrutar nuestro amor; planificar juntos la alegría de cada día y… permiten aumentar la inteligencia personal y profundizar en el conocimiento de nuestro amor.

Acostumbrarse a una rutina anestesiante es propio de una inteligencia poco desarrollada, incapaz de descubrir cómo amar mejor y ser más feliz.

Atención, memoria, imaginación, creatividad, valoración, proyección, capacidad de análisis, innovación, son operaciones de la inteligencia que permiten profundizar en la verdad del amor en exclusiva y para toda la vida.

Con nuestra inteligencia podemos conocernos mejor a nosotros y a nuestro amor, podemos reinventar el amor cada día, cada hora, podemos asombrarnos de esta realidad maravillosa: alguien me ama y yo soy capaz de amar.

Dimensión volitiva o de la libertad

Todo lo relacionado con el amor tiene su base y fundamento en la libertad. Nadie puede amar a la fuerza. Por eso, todo entrenamiento para ser dueños de nosotros mismos (de nuestro cuerpo, de nuestros afectos, de nuestros pensamientos, de nuestras decisiones) es bueno para aprender a amar más, a amar mejor.

La libertad se adquiere esforzadamente, con la práctica de las virtudes en las mil y una ocasiones que brinda la vida en común, en casa, en el trabajo, con los amigos, con los familiares, con los hijos, con el marido, con la mujer.

Nuestra vida de amor se expresa en un cortejo de virtudes que manifiestan e incrementan la felicidad compartida: la delicadeza en el trato, el servicio diligente, el espíritu de sacrificio, la generosidad, la alegría, la sinceridad. Amar es el acto propio de la libertad.

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