José Pedro Manglano es sacerdote, profesor universitario, doctor en Filosofía y escritor. Los jóvenes son, desde hace más de diez años, el centro de su trabajo. Es, además, fundador del movimiento Hakuna.
Entre sus obras, destacan títulos como: Construir el amor es posible si sabes cómo, Santos de copas, Santos de carne, La Misa: el beso de Dios. Son también famosos sus “manglanitos”, pequeños libros mensuales con los que ayuda a vivir el Adviento, la Navidad, la Cuaresma…
A medida que avanza mi experiencia docente, voy viendo que las alumnas que más confianza tienen con sus padres son aquellas que se encuentran más seguras de sí mismas. Además, toman decisiones más acertadas, asumen sus errores con más deportividad y tienen el corazón más abierto a los demás. Todo esto no se improvisa en la adolescencia, es fruto de años de horas de escucha a los hijos.
En los últimos años, la problemática del acoso escolar ha sufrido, sin duda, una creciente relevancia en los colegios e institutos de nuestro país. No es, por tanto, casualidad que haya sido un tema abordado en el imaginario cultural de manera reiterada. Novelas como Invisible, de Eloy Moreno, o series como Adolescencia, de Philip Barantini, son algunos ejemplos. Porque ¿qué es el cine y la literatura, sino un espejo donde reflejar las luces y las sombras del ser humano?
Las obras antes mencionadas nos permiten, como lectores y espectadores, ponernos en la piel, tanto de la víctima como del agresor, así como en la de sus respectivas familias. Porque una de las características más evidentes del acoso escolar es que todas las partes implicadas sufren daños, de una forma u otra, antes o después, sin que ninguna de ellas salga indemne.
El Papa Francisco explica en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium que “el gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista, que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda superflua de placeres superficiales, de la conciencia aislada”.
Esa vida aislada, insatisfecha, no es la que Dios quiere para nosotros. Él es nuestra fuente de alegría y debemos transmitir a los hijos y alumnos que nuestra alegría profunda se basa en esa verdad.
Con la llegada de la adolescencia se da paso a una extraordinaria multitud de transformaciones, entre ellas, el cambio de referentes que los jóvenes experimentan durante esta época. Sus padres y profesores dejan de ser sus héroes, y sus amigos se convierten en su centro, en las brújulas que los guían y de quienes más tienden a fiarse, siendo este el ámbito donde más confiados y a gusto dicen sentirse. Esto hace tambalear a muchas familias, pues la mayoría están mentalizadas de que “la adolescencia de sus hijos será un tiempo de tormenta y estrés”. Además, como esto se ha dicho tan a menudo, “es como un artículo de fe. Es decir: se da por hecho que será así y que nada ni nadie podrá cambiarlo.”(Castells y Silbers, p.71).
En este inicio de curso volvemos a las carreras después de haber pasado unos días de descanso; días en los que hemos compartido bastante tiempo juntos en familia. En este tiempo, es posible que hayamos conversado con mucha más tranquilidad, mucha más de lo que nos deja el ritmo habitual de la vida con los miembros de nuestra familia, amigos, o familiares que vemos con menos frecuencia.
Precisamente, en esos momentos de conversación, es donde nos descubrimos como familia, como seres cercanos, donde nos identificamos con los demás. Es la importancia de esos momentos lo que vamos a resaltar aquí, esas conversaciones que eliminan las barreras entre padres e hijos.
En esta era de las prisas, de la impaciencia, de la proactividad, de la instantaneidad, de la obsesión por la productividad y el multitasking, que en muchos casos desemboca en una devastadora cronopatía, resulta ciertamente paradójico, que la procrastinación sea uno de los temas más recurrentes en cuestiones de gestión del tiempo. Y es que como en todo, “ni tanto que apriete el zapato ni tan poco que se caiga”.
Pero ¿qué es procrastinar? ¿Cuáles son las causas que la provocan? ¿Qué consecuencias puede tener a corto o medio plazo? ¿Existen estrategias que nos permitan manejarla?
La procrastinación podría definirse como “la tendencia a aplazar una obligación o una labor”. Si bien es cierto que puede darse a cualquier edad y en cualquier circunstancia, el adolescente es más propenso a ella, siendo una dificultad muy extendida entre ellos que produce un alto grado de preocupación en los padres, sobre todo cuando puede llegar a ser motivo de un bajo rendimiento académico.
Adolescencia es la segunda serie en inglés más vista en la historia de Netflix con 141,2 millones de visualizaciones, rebasando las cifras de Stranger Things 4 (140), Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer (115) o Bridgerton: Temporada 1 (113), y sólo estando por debajo de la primera temporada de Miércoles (252). Más allá del número de espectadores, esta ficción ha generado un impacto social y educativo en todo el mundo, especialmente en padres y educadores.
En Reino Unido, el primer ministro, Keil Starmer, llegó a un consenso para que en los próximos años los estudiantes de las escuelas secundarias de todo el país vean el drama de Netflix. La plataforma ha accedido a ofrecer la ficción gratuitamente a todos los centros de secundaria del país a través del servicio Into Film+.
En los días siguientes al estreno de la serie, se multiplicaron los análisis psicológicos sobre el protagonista en redes sociales, en los que se abordaban los conflictos principales, con una atención mayoritaria en la masculinidad tóxica promovida por la denominada “manosfera”, y su líder más mediático, Andrew Tate.
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