JULIO 2026: EL POTENCIAL DE LOS NIÑOS
Nuestros hijos están llenos de vitalidad, curiosidad y ganas de aprender. Debido a su impulsividad, quieren obtener respuestas a sus preguntas con inmediatez y, en ocasiones, caemos en la trampa de darles las respuestas sin favorecer su reflexión. Sin embargo, no podemos hacer nosotros todo el trabajo, tenemos que orientarles para que sean ellos los que vayan resolviendo, con nuestra ayuda, los interrogantes que les van a ir surgiendo durante su desarrollo.
Enseñarles a pensar de forma crítica va a resultar fundamental para su crecimiento personal, social y académico.
Veamos algunas estrategias que nos pueden ayudar en este proceso:
- Provocar preguntas
Cuando los niños son pequeños todo les llama la atención y no comprenden muchas de las cosas que ven, ni algunas de las situaciones que se les presentan. Por eso, dentro del nivel propio de la edad en la que se encuentren, tenemos que ayudarles para que puedan adquirir una adecuada comprensión de ellas. Así pues, cuando nos formulen alguna pregunta, es importante que les tomemos en serio y les demos una respuesta apropiada para que adquieran seguridad y sigan planteándonos sus inquietudes.
Pero también es conveniente que seamos nosotros los que les propongamos algunos interrogantes sobre las circunstancias que les afectan, formulándoles cuestiones que les obliguen a desarrollar el pensamiento y la solicitando argumentos que fundamenten sus conclusiones.
De esta forma vamos a trabajar el razonamiento y la conciencia de nuestros hijos, permitiéndoles que adquieran un juicio más profundo y consistente. Además, fomentando el diálogo con nuestros hijos conseguiremos fortalecer los lazos familiares.
- Hacer planteamientos abiertos
Muchas veces la realidad no es blanca y negra, tiene colores y matices. Podemos enseñar a los niños a darse cuenta de que, en muchas ocasiones, no existe una única respuesta a las preguntas y situaciones que se les plantean. Así vamos a ayudarles a tener una mente más abierta y a que respeten las opiniones de los demás.
Para ello debemos mostrarles la existencia de distintas posibilidades, opiniones y juicios a la hora de interpretar una situación, transmitiéndoles que todos ellos habrán de ser tenidos en cuenta no solo a la hora de tomar una decisión, sino también en el momento en que deban corregir o modificar el criterio inicialmente adoptado.
Con esta proyección amplia de las diferentes alternativas y posibilidades les resultará más fácil adquirir un criterio propio que derive de la reflexión y que se encuentre alejado de las imposiciones de terceras personas que les puedan influir de forma negativa.
- Desarrollar la creatividad
La creatividad es algo que existe cuando los niños son pequeños pero que puede llegar a estancarse o incluso desaparecer si no se fomenta. Teniendo en cuenta que el pensamiento crítico se nutre de la creatividad, de la capacidad de generar nuevas ideas y buscar diferentes soluciones a las diversas necesidades y problemáticas que se plantean, no podemos olvidar su importancia y necesidad de desarrollo.
Puede resultar adecuado disponer de diferentes materiales y herramientas para que nuestros hijos puedan inventarse juegos. También podemos pedirle que invente las reglas de una actividad, o que realicen un dibujo para preguntarles después de qué se trata o por qué han utilizado determinados colores.
Otra opción es pedirles opinión sobre temas que les afectan, por ejemplo preguntarles qué alimentos saludables quieren cenar algún día de la semana. Esto va a permitirles aprender a tomar decisiones y a argumentar los motivos que las avalan.
- Conversar
Fomentar la conversación entre todos los miembros de la familia es fundamental para que haya buena relación ya que todos sus integrantes se conocen, comunican, cuentan sus deseos, sus alegrías y sus penas en un ambiente relajado y de confianza en el que no haya juicios.
Es necesario crear espacios en los que estén todos los miembros de la familia, ya que con las conversaciones se intercambian opiniones e ideas que les ayudan a razonar y a valorar los diferentes puntos de vista que tienen los demás.
Estos momentos serán buenos para dar pautas para que la conversación fluya de forma tranquila y agradable y para enseñarles a escuchar al otro, a no interrumpir y a formular preguntas concretas y convenientes. En definitiva, aprovecharemos para favorecer las habilidades que promueven la comunicación, la reflexión y el entendimiento.
- Aprender de los errores
Es importante que nuestros hijos sean conscientes de que comenten (y van a seguir cometiendo) errores a lo largo de sus vidas. Es parte del proceso de aprendizaje y hay que enseñarles a comprenderlos y afrontarlos para que puedan mejorar.
Así pues, ante un reto que no les ha salido como tenían previsto, aprovecharemos para preguntarles ¿qué ha pasado?, ¿crees que podrías haberlo hecho mejor?, ¿cómo? Estas preguntas llevan a que reflexionen sobre su actuación y cómo pueden mejorarla.
Asimismo, ante la situación que se presenta cuando su cuarto está desordenado después de haber jugado, podemos plantearles qué pueden hacer para arreglarlo. De esta manera no solo conseguimos que evalúen las consecuencias de sus acciones, sino que, también, les hacemos analizar sus actos, la responsabilidad que de ellos se deriva y las obligaciones que parten de ella.
Tenemos por delante una apasionante tarea a la hora de educar a nuestros hijos que exige tiempo y dedicación. Teniendo en cuenta que pensar implica descifrar la información que recibimos para generar conclusiones y valorarlas antes de elegir la más adecuada al contexto en el que nos encontramos, dar herramientas a los hijos desde la temprana edad para que tengan una reflexión basada en la ponderación sensata y moderada de la realidad va a permitirles afrontar a los diferentes retos que les surjan durante sus vidas de una forma más exitosa.



