Nuestros hijos están llenos de vitalidad, curiosidad y ganas de aprender. Debido a su impulsividad, quieren obtener respuestas a sus preguntas con inmediatez y, en ocasiones, caemos en la trampa de darles las respuestas sin favorecer su reflexión. Sin embargo, no podemos hacer nosotros todo el trabajo, tenemos que orientarles para que sean ellos los que vayan resolviendo, con nuestra ayuda, los interrogantes que les van a ir surgiendo durante su desarrollo.
Enseñarles a pensar de forma crítica va a resultar fundamental para su crecimiento personal, social y académico.
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