JUNIO 2026: ¿COMPRENSIÓN O CASTIGO? Adolescentes desmotivados: entender antes de castigar
Dentro del mundo del adolescente podemos observar que, en muchas ocasiones, hay que repetirles las cosas constantemente. Aparentemente están apáticos sobre lo que se les dice, ¿pero realmente es así? En algunas circunstancias parece que, cuando nos dirigimos a ellos, solo entienden lo que quieren entender, es decir, se quedan con el mensaje que más les conviene. Es complicado saber qué se les pasa por la cabeza y por qué no priorizan las cosas como nosotros, adultos, que tenemos la lógica por bandera.
Estas situaciones conllevan, muchas veces, malentendidos. Especialmente cuando hay que proponer una consecuencia a un mal comportamiento. Nosotros aplicamos la norma, pero, y aquí puede estar la clave, podemos olvidarnos de hacerla entender. Las normas tienen un sentido muy bien justificado, son muy necesarias y hacen que vivamos en una sociedad más ordenada en la que sabemos a qué atenernos. También nos dan mucha seguridad, ya que son herramientas fijas, que no cambian y que hacen que la vida social funcione con orden.
La mayor parte de las oportunidades que he tenido para hablar con un adolescente, lo que más útil me ha resultado, ha sido guardar la lógica para más tarde y escuchar lo que tienen en su mundo interior, para tratar de entender su propia lógica. Muchas veces es más aplastante que la nuestra, trabajada y llena de razones argumentadísimas.
Pero cuando tenemos que poner un castigo, o aplicar una consecuencia a un mal comportamiento, es importante tratar de comprender los motivos que han causado ese mal comportamiento. Es importante entender lo que tienen en su corazón. Puede haber muchas causas, pero la inseguridad o la inconformidad están entre las más comunes. La diversión también, pero quizá es la más fácil de tratar de todas.
Cuando hablamos de inconformidad, normalmente tenemos entre manos un temperamento fuerte que necesita ser escuchado para poder autocontrolarse. Un temperamento fuerte necesita una mano amiga que lo ayude a entenderse y gestionarse, explicarle los motivos de las normas o de las consecuencias que hay que aplicar. Sancionar sin explicar supone enfrentamiento asegurado, sin embargo, cuando explicamos las cosas a un adolescente que ya sabe algo de la vida, que es capaz de razonar y que lo podemos tratar como un adulto, el panorama puede ser muy diferente.
Ese temperamento puede ser controlado con razones proporcionales a lo que necesitan saber. Quizá haya algo de enfrentamiento, pero algo que los padres y educadores debemos entender es que nuestro “negocio” es a largo plazo.
Si lo que sucede es que hay inseguridad o debilidad a la hora de cumplir las normas, también se necesitan razones de por qué las cosas están bien o mal, incluso con más importancia que en el otro perfil. Precisamente los que menos piden son los que más necesitan, de esta manera trabajaremos el pensamiento crítico y su capacidad de relacionar unos hechos con sus consecuencias. Lo que puede pasar a veces es que ellos hagan su propia conexión de las cosas: no conviene dar por supuesto que ellos entienden lo que se debe entender.
Experiencia no nos falta para saber que todo tiene consecuencias en la vida, y eso tenemos la obligación de transmitírselo a ellos, porque va a ser una de las mejores enseñanzas que les podemos dejar. Esto tiene que ver con una idea que aflora en numerosas situaciones ordinarias ante las dificultades: no tratemos de resolver sus problemas siempre, no nos adelantemos continuamente a sus necesidades. Su pensamiento crítico se forja cuando tiene que resolver situaciones complejas, asumir responsabilidades y conectar causa- efecto. Para eso existen las normas, porque forman el carácter, no solo porque haya que mantener un orden. Un constante incumplimiento de las normas nos dice algo significativo sobre nuestros adolescentes, que no dan
ninguna importancia a las consecuencias de sus acciones. Y todos sabemos que, en un momento determinado, pueden ser leves, pero en otros momentos pueden ser muy graves. Las normas nos pueden salvar de muchas circunstancias complicadas, un adolescente “obediente a su norma interiorizada” puede evitar circunstancias difíciles de gestionar.
Cuando hablamos de “normas” podemos incluir aquí criterios morales, principios o valores que nos motivan a hacer el bien cada día. Ser capaz de obedecer a su conciencia es una de las enseñanzas más importantes con las que pueden crecer, y esto implica ser capaz de renunciar a cosas importantes o apetecibles para ser coherentes con los principios propios. Solo cuando una persona es capaz de ser fiel a su conciencia, es capaz de cambiar el mundo. Para eso muchas veces hay que renunciar a lo que nos apetece, a lo que se lleva o a lo que hacen los demás, a querer formar parte del grupo. Y para eso, el cumplimiento de las normas y las consecuencias de no cumplirlas son un escalón importante para llegar a la meta.
Hay varios aspectos que podemos tener en cuenta a la hora de ayudar a jóvenes en edad adolescente:
- Explicar bien cada norma establecida, darles sentido, no solamente el formal. Por ejemplo, vestimos el uniforme del colegio de manera correcta porque mostramos lo que somos, no solamente es una formalidad. Es la manera que tengo de mostrarme ante los demás y de representar a mi colegio. Otro ejemplo, somos puntuales, no porque haya que empezar la clase a las 9.15, sino porque somos respetuosos con todos los demás que se esfuerzan por ser puntuales.
- Plantear consecuencias proporcionales al incumplimiento de la norma. Si no llego puntual, puede ser que no me dejen entrar en clase, o que pierda una parte importante de la explicación del profesor que tenga que trabajar por mi cuenta, y debo asumirlo.
- No tener miedo a aplicar las consecuencias acordadas y previamente informadas al incumplimiento de la normativa.
Se podría preguntar si se puede solucionar la situación con una conversación en vez de con una sanción: es importante que haya una conexión emocional, que entiendan que a pesar de tener aplicar una sanción no tenemos ninguna intención de molestar, y que vean claro cuál es su responsabilidad; a partir de estas premisas, el adulto puede decidir si conviene aplicar sanción o es más útil dar otra oportunidad. Lo que sí es claro es que la comprensión y el entendimiento funcionan mucho mejor que el control.
Motivar para aprender supone encender la llama del afán de conocimiento propio y de superación. Como dice Catherine L’Ecuyer, “la educación no consiste en llenar un cubo, sino en encender un fuego.” Y esto se puede conseguir con un acompañamiento cercano en la distancia y en el corazón.


