SEPTIEMBRE 2026: APRENDER A PREGUNTARSE EN LA ERA DE LAS RESPUESTAS
La rapidez y la facilidad con las que se obtiene una respuesta o una síntesis hacen correr el riesgo de que se apague el deseo de plantear preguntas, que sólo da fruto con el tiempo.
(León XIV. Magnifica Humanitas, 2026)
La incursión de la IA en nuestras vidas, de una forma distinta a cómo la conocíamos, ha sido relativamente rápida. Tanto es así que hasta hace poco apenas formaba parte de nuestro día a día, pero ahora se nos antoja una herramienta imprescindible que invade, cada vez más, nuestra vida cotidiana.
Uno de los ámbitos en los que con más virulencia han aterrizado Apps como ChatGPT o Gemini es, sin duda, el educativo. Aun siendo conscientes de la amplitud de beneficios y posibilidades que la IA ofrece, padres y profesores apenas hemos tenido capacidad de reacción ante este tsunami tecnológico. El Papa León nos explica que “por eso el progreso técnico, valioso en sí mismo, requiere un discernimiento sobre la visión antropológica que lo guía y los fines que persigue”. (Magnifica Humanitas).
No cabe duda de que uno de los mayores desafíos educativos actuales consiste en fomentar y proteger el pensamiento crítico de niños y adolescentes, poniendo el foco, tanto en las aulas como en el hogar, en acompañarlos en el tránsito del simple acto de ver hacia la capacidad de preguntar y preguntarse. Eso que Sartori denomina, la capacidad de abstracción, llegando a afirmar que “el homo sapiens (…) debe todo su saber y todo el avance de su entendimiento a su capacidad de abstracción” (Sartori, p.49).
Si bien es cierto que la ayuda que ofrece la IA es innegable, pues nos facilita tareas y nos permite ahorrar tiempo, también presenta el riesgo de que, poco a poco, reduzca nuestra creatividad y nuestra capacidad de abstracción y reflexión. Esto se debe a que nos proporciona respuestas claras y rápidas, haciéndonos perder de vista una de las partes más importantes: el proceso que seguimos hasta llegar a dicha respuesta, base fundamental para el desarrollo del pensamiento crítico y autorreflexivo. “La velocidad y la sencillez con la que es posible obtener indicaciones, elaboraciones complejas, contenidos mediáticos y formas de asistencia concreta simplifican nuestras vidas, pero también pueden acostumbrarnos a delegar demasiado y a buscar respuestas rápidas, debilitando el juicio personal y la creatividad”. (Magnifica Humanitas).
Solo a través de una buena formación del pensamiento crítico ayudaremos a nuestros adolescentes a ser capaces de distinguir la información verdadera de la que no lo es; permitiéndoles analizar todo de forma más objetiva, a cuestionar aquello que oyen o leen y a formar su propio criterio a partir de aquello a lo que se exponen. Todo esto contribuirá a que tomen mejores decisiones, a que no se dejen manipular y a que puedan generar, no sólo respuestas, sino también preguntas nuevas y personales. Así, desarrollarán su autonomía intelectual, reflexionarán sobre aquello que reciben, debatirán las cuestiones que les interesen, y serán capaces de aportar nuevos puntos de vista y, por qué no, nuevas soluciones.
Hemos de hacerles parar y reflexionar, educarles en que no siempre hay una única respuesta correcta, quizá ni siquiera haya respuesta correcta alguna. Han de experimentar, analizar las experiencias, sacar sus propias conclusiones, salir de su zona de confort… Hemos de poner el interés en la pregunta, en la reflexión, en el análisis, más que en el pragmatismo de la respuesta: “La rapidez y la facilidad con las que se obtiene una respuesta o una síntesis hacen correr el riesgo de que se apague el deseo de plantear preguntas, que sólo da fruto con el tiempo. Como escribe Platón, las cosas más profundas e importantes sólo se aprenden tras mucho tiempo y mucho esfuerzo, comprometiéndose en la discusión con los demás para “frotar” los conceptos y las experiencias como si fueran pedernal, hasta que en nosotros salte la chispa de la comprensión. Debemos aprender a prescindir de la IA y proteger a nuestros jóvenes de la promesa de la máquina perfecta, de esa sutil seducción que hace parecer inútil el pensamiento humano precisamente cuando más se necesita”. (Magnifica Humanitas).
Y para que todo esto sea posible, nosotros, los educadores, hemos de fomentar ese espacio de confianza en el que también perdamos nuestro miedo adulto a que nos rebatan, a debatir con ellos, a ir más allá de lo que en apariencia esperamos que respondan o piensen… No tengamos miedo de llegar hasta el fondo de sus porqués, de “ponerles al límite” en cuanto a pensamiento se refiere, quitémonos el miedo porque, quizá, a través de ellos también nosotros nos enfrentemos a nuestros desafíos intelectuales o personales, creciendo en el camino.
Que no nos suponga inconveniente si nuestros jóvenes nos confrontan lo impartido en clase, si nos hacen mil preguntas, si no entienden y preguntan y repreguntan o si reclaman entender de otra manera aquello que les decimos o contamos. Puesto que percibimos ciertos “signos de una posible deshumanización, en la que las personas “saben muchas cosas” pero tienen dificultades para dar un sentido a su vida”, desde las aulas y desde nuestros hogares, hemos de “promover una verdadera higiene de la atención: ritmos que incluyan silencio, estudio reflexivo, lectura, análisis ponderado; sin estos elementos, la libertad interior puede verse comprometida”. (Magnifica Hunanitas).
Como se señala en la última estrofa del poema Invictus, de Ernesy Henley: “No importa lo estrecha que sea la puerta/ Cuán llena de castigos la bóveda/ Yo soy el capitán de mi propio destino/ Yo soy en capitán de mi alma”. Contribuyamos, por tanto, al bienestar intelectual de nuestros alumnos e hijos para que logren ser los capitanes de sus destinos, dentro de ese mar que es la reflexión personal.
De este modo, cuando la marea de la imagen, de lo instantáneo, de lo fácil, de lo cómodo, los pudiera arrastrar, conseguirán no deshumanizarse, sabiendo discernir lo bueno de lo malo, lo feo de lo bello, y se aferrarán a su timón, ese que les ayude virar el barco en medio de la marejada, para que puedan reconducirlo con éxito al puerto al que aspiran y que ellos mismos habrán elegido.
BIBLIOGRAFÍA
León XIV. (2026). Magnifica Humanitas: Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Santa Sede.
L´Ecuyer, C. (2019). Educar en la realidad. Plataforma Actual
Sartori, G.(2017). Homo Videos. La sociedad Teledirigida. Taurus



