MAYO 2026: RECONCILIARSE CON EL FRACASO
La problemática tienen los jóvenes para tolerar el fracaso es una cuestión que quienes nos dedicamos a formar adolescentes conocemos de primera mano. Pero ¿por qué les cuesta tanto? ¿Qué es lo que les lleva a tener un umbral de frustración tan sumamente bajo?
El término fracaso, según la RAE, es un “suceso lastimoso, inopinado y funesto”. Ciertamente lo es en un sentido amplio, ya que puede haber fracasos de muchos tipos. En el caso del adolescente, se manifiesta como posible fracaso escolar, personal, familiar o emocional. Pero también cabría preguntarse qué significa “fracasar” en la cabeza de un adolescente y a qué consecuencias se pueden enfrentar cuando este no se gestiona correctamente.
El adolescente, por naturaleza, tiende a dramatizar y exagerar la realidad, para lo bueno y para lo malo. Lo que ellos consideran beneficioso o divertido, lo presentan como excesivamente bueno y apasionante, y lo malo o aburrido (según su criterio) casi siempre es horrible y fatídico. A ojos del adulto, son emociones desmesuradas que no siempre se adecúan a la realidad. Es en este punto donde debemos ayudarles a serenar la emoción, analizándola paso a paso con ellos, para que puedan entender y enfrentarse, a cualquiersituación, de la forma más objetiva posible.
Es bastante habitual que el adolescente se frustre rápidamente, que haga un mundo de todo, que exagere su realidad, que se compare con los demás, pudiéndose ver dañada su autoestima. Por ello, desarrollar la virtud de la resiliencia se antoja necesario a lo largo de esta etapa. La resiliencia es la capacidad que tiene una persona de adaptarse a situaciones complicadas, a veces límite, utilizando ciertos recursos que le permitan convivir con las circunstancias que le toque vivir.
Esta idea, tan presente en el refranero español, con refranes como: “al mal tiempo, buena cara”, “no hay mal que por bien no venga”, “no hay mal que cien años dure”, “el que la sigue la consigue”…”, no está tan presente en el día a día del adolescente. Porque, en la práctica, muchos de ellos evitan fallar, se rinden ante pequeños retos diarios que “les superan”, tienen poca paciencia, reaccionan de forma impulsiva, se mandan mensajes intrusivos en los que dejan claro que no son capaces de realizar esto o lo otro… En buena medida, muchos de los fracasos escolares parten de esta idea: ante lo aparentemente complicado, se parapetan en el “no puedo, no sirvo, esto es muy complicado para mí”, y no dejan paso al pensamiento crítico, a la reflexión, al análisis, a la paciencia y la perseverancia, claves en el estudio en particular y en la vida en general.
Una de las escenas más icónicas de la película Blade Runner (1982), integrada desde hace años en el imaginario colectivo, es la que el replicante Roy Batty persigue, por un edificio en ruinas bajo una intensa lluvia, al Blade runner, Rick Deckard (interpretado por Harrison Ford). Allí, Deckard se encuentra herido, agotado y derrotado. Intentando escapar, resbala y queda colgado del borde de la azotea, a punto de caer al vacío. En ese momento, el replicante se acerca a él, y ocurre lo contrario a lo esperado por su parte, que habría sido herirlo de muerte. Este, en cambio, lo agarra, lo sube y le salva la vida. Es ahí donde Batty comienza uno de los más famosos monólogos cinematográficos:
“Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad?
Eso es lo que significa ser esclavo”
Y es que estas palabras vienen a colación cuando se trata de hablar de fracaso, porque este no se ha de vivir desde el miedo o la evitación, pues como confirman las palabras del replicante, sería una vida en la que seríamos esclavos de nuestros constantes errores. El fracaso forma parte del proceso de aprendizaje, académico y personal, parte del desarrollo al que todo adolescente se enfrenta. De “errores se aprende”, y esto no es una frase hecha, es la vida misma.
Porque indudablemente, todos los momentos, los mejores y los peores, así como los éxitos y los fracasos, se acaban evaporando como “lágrimas en la lluvia”. Y esto hay que enseñárselo al adolescente, quien suele vivir las cosas de manera excesivamente intensa, como si fueran a perdurar para siempre a lo largo del tiempo. Es bueno que no vean el fracaso como algo imborrable, permanente e inmutable, sino como una experiencia que les otorgará un aprendizaje concreto en un momento determinado, para una vida, que, sin duda, se irá complicando con el tiempo, y que requerirá de una capacidad de aceptación y de perdón a sí mismos que la hará más bella y merecedora de ser vivida.
Que no se dejen engañar por ciertos mensajes con los que son bombardeados constantemente acerca del éxito rápido y fácil, evitemos presionarles con conseguir logros, sin mirarlos a los ojos y preguntarles qué necesitan, cómo se encuentran… y que sentido dan a los éxitos y fracasos. Humanicemos su fracaso, abracemos su humanidad y, por encima de todo, abracémoslos.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Y AUDIOVISUALES
. Los jóvenes y el fracaso. Por qué no lo toleran: https://barakaldopsicologos.com/sin-categoria/los-jovenes-y-el-fracaso-por-que-no-lo-toleran/
. Los 12 hábitos de la persona resistente: https://elpradopsicologos.es/blog/resiliencia-resilientes/
. Blade Runner (1982). Dirigida por Ridley Scott, Warner Bros., 1982.





