FEBRERO 2026: GRITOS SILENCIOSOS
En los últimos años, la problemática del acoso escolar ha sufrido, sin duda, una creciente relevancia en los colegios e institutos de nuestro país. No es, por tanto, casualidad que haya sido un tema abordado en el imaginario cultural de manera reiterada. Novelas como Invisible, de Eloy Moreno, o series como Adolescencia, de Philip Barantini, son algunos ejemplos. Porque ¿qué es el cine y la literatura, sino un espejo donde reflejar las luces y las sombras del ser humano?
Las obras antes mencionadas nos permiten, como lectores y espectadores, ponernos en la piel, tanto de la víctima como del agresor, así como en la de sus respectivas familias. Porque una de las características más evidentes del acoso escolar es que todas las partes implicadas sufren daños, de una forma u otra, antes o después, sin que ninguna de ellas salga indemne.
En múltiples ocasiones, la palabra “acoso escolar” es reemplazada por el anglicismo bullying, que viene a su vez de la palabra inglesa bully, que significa “abusón” o “persona que molesta a otros”. Por tanto, el bullying es “la acción de intimidar, maltratar o humillar a alguien por el puro gusto de hacerlo (dentro de un contexto escolar). La palabra es relativamente nueva, aunque el fenómeno es tan viejo como la humanidad”. (Bataz). No obstante, de un tiempo a esta parte, el acoso escolar o bullying abre telediarios ya que “las estadísticas dicen que cada vez afecta a sectores más jóvenes, y se da en versiones cada vez más violentas y crueles, por lo que es digno de la preocupación global”. (Bataz).
El acoso escolar se manifiesta de muchas formas, siendo el ciberacoso o ciberbullying la más reciente, sobre todo en el ámbito adolescente. Los chicos y chicas ya no son acosados en pasillos, patios o intercambios de clase. El acoso se convierte en algo que estos puede llegar a sufrir de manera constante e intempestiva, fuera de las paredes del colegio, a través de redes sociales o grupos de WhatsApp. Esto permite al acosador esconderse detrás de nombres falsos que impiden su identificación, o en otros casos, le permite actuar de un modo implacable evitando el contacto físico con la persona a quien acosa, como si la pantalla sirviera de parapeto de un acto, sin duda, despiadado. Además, dificulta, aún más si cabe, a padres y profesores el control de insultos y amenazas, convirtiéndose el acosado en un blanco demasiado fácil.
“Una de las ventajas de la tecnología es que tenemos acceso a toda la información en un clic. Pero antes de hacer clic, hay que formar al portero en el reconocimiento de lo que tiene sentido y lo que no, y en priorizar la información, reconociendo que la memoria del trabajo es limitada. (…) Discernir lo relevante de lo no relevante no es una habilidad técnica, y no consiste en “conocer”, consiste en “pensar”, una actividad profundamente humana.” (Millet, 143). Por eso, desde casa hemos de procurar ayudar a discernir al niño y al adolescente, con preguntas del tipo: “¿Qué es relevante y qué no? ¿Por qué? ¿Qué es bello y que no? ¿Qué es verdad y qué no? ¿Qué es bueno y qué no? ¿Qué significa el sentido de intimidad? ¿Por qué? ¿Cuál es la información que busco ahora mismo? ¿Por qué la busco? ¿Para qué la busco? ¿Quién me importa y en quién puedo confiar? ¿Qué es opinión, hecho, dato fiable y dato no contrastado? ¿Por qué? ¿Quién soy? Sin el autocontrol, el sentido de intimidad, en sentido estético, la capacidad de filtrar lo relevante y muchas otras cualidades y virtudes, el niño no puede ante la avalancha de información, de luces, de músicas, etc. que le ofrecen las pantallas”. (Millet, 141).
Además, y este es uno de los puntos que más preocupa a padres y docentes, en algunos casos la violencia, crueldad y perseverancia del acoso se ha llevado vidas de jóvenes que no pudieron encontrar, por desgracia, otra salida que no fuera el suicidio, conmocionando a una sociedad que lucha, sin descanso, por buscar la solución a un problema que no queremos, bajo ningún concepto, que se convierta en epidémico.
Desde los centros escolares hemos de ayudar a las víctimas a no gritar en silencio, evitemos trivializar el término acoso o bullying con una absurda y desmedida sobreutilización, ni tampoco neguemos la mayor o miremos a otro lado si estamos, o sospechamos estar, ante un posible caso de intimidación.
Todo estudiante tiene el derecho de asistir a la escuela en un entorno seguro, protegido y libre de cualquier miedo o temor, pues la escuela ha de ser un ambiente proclive para estudiar, aprender, conocer gente, desarrollarse como ser humano, madurar, sentirse acompañado y querido por profesores y compañeros… Y esto se ha de garantizar desde los centros escolares, para que los alumnos encuentren un lugar seguro donde pasar la mayor parte de las horas de sus días, y la mayor parte de sus años, a lo largo de etapas tan vulnerables como la infancia y la adolescencia. Y siempre que alguno de estos aspectos no se cumpla debido al acoso, han de adoptarse medidas prontas y eficaces para abordar el problema desde la raíz, sea cual sea esta, porque las raíces de este problema a veces son muchas y muy variadas: “Ciertamente algunos de los casos de acoso son motivados por trastornos en un determinado alumno o alumna, y aunque eso no es justificación para que sean comportamientos que resulten indemnes, sí que su seguimiento, así como su origen son ciertamente diferentes al acoso sin estos trastornos”. (Bataz).
Y si, tal y como hemos afirmado anteriormente, el ámbito escolar ha de ser un lugar seguro para todo alumno, la familia y el hogar han de ser referencia para los mismos. Como diría Mandela, debemos aspirar a ser Ubuntu, “una persona que es una persona a causa de los demás” (Romera, 71), porque hemos de educar en comunidad, y dicha comunidad, con todas sus aristas (colegio, casa, calle), ha de estar alineada, siempre y constantemente, en beneficio del niño o del adolescente.
La familia es la primera escuela de las emociones, y es en ese contexto doméstico donde todo comienza: la empatía, la generosidad, el altruismo, la paciencia, el desarrollo de la autoestima, la obediencia… Nuestros hijos, en buena parte, son lo que nosotros somos, al igual que lo son nuestros alumnos. Y esto no significa cargar con la culpa de todo lo que hagan o dejen de hacer ellos, ni mucho menos, puesto que educamos en libertad, pero sí nos ha de hacer conscientes de la responsabilidad común que tenemos como sociedad.
Mientras que el colegio resulta ser el escenario donde se produce el acoso, la casa surge, sin duda, como el lugar entre bambalinas donde tienen lugar los ensayos, donde se dan las directrices pertinentes y donde se invita a los niños y a los chavales, a veces consciente y otras no tanto, a representar una u otra obra en el teatro de la vida. Así que dejemos de engañarnos tratando de convencernos de que el bullying es cosa de niños, porque está claro que no lo es, o al menos, no del todo.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Y AUDIOVISUALES
. Bataz, Agustín. Diez pasos para lidiar con el bullying. Manual para defenderte de una forma inteligente.
. Barantini, Philippe (director). (2025). Adolescencia (Serie de televisión). It´s All Made Up Productions.
. Millet, Eva. Hiper Paternidad. Del modelo “mueble” al modelo “altar”. Consecuencias de la paternidad helicóptero. Editorial Plataforma Actual, 2016.
. Moreno, Eloy. Invisible. Editorial Nube de Tinta, 2018.
. Pubertat
. Romera, Mar. La familia, la primera escuela de las emociones. Editorial Destino, 2017.



