¡Nunca he sido más feliz!, fue la respuesta que le dio Pedro a un chico de quince años cuando le preguntó si era feliz…. Pedro, un chico corriente de veintiún año, después de tres años de enfermedad, se fue al cielo con el corazón desbordado de amor a Dios y al prójimo.
Película. ¨ La Navidad de Ángela”
Año. 2017
Reparto Ruth Negga en el papel de la madre de Ángela y Lucy O·Connell como Ángela.
Clave. Asombro, ternura, cariño
“La Navidad de Ángela” o “Angela·s Christmas” es una película de animación dirigida por Damien O·Connor y escrita por Will Collins y Damien O·Connor.
Aunque es una película de animación, puede llegar a ser muy recomendable para toda la familia. Resalta la importancia del nacimiento de Jesús, pone en valor la familia y sus tradiciones. Es una película llena de ternura y nos enseña cómo es la mirada de un niño, esa mirada que todo adulto debe recuperar.
Durante la etapa infantil, a partir de los 3 ó 4 años, muchos niños expresan un fuerte deseo de querer ser “mayores”, quieren vestirse solos, empiezan a ayudar, tanto en tareas de casa como en el colegio y a imitar a los adultos en el juego simbólico. Ese deseo de querer ser “mayor” es algo normal en el desarrollo evolutivo del niño, ya que cada vez va adquiriendo mayor autonomía. Sin embargo, junto a esa necesidad de crecer convive otra igualmente intensa de seguir siendo pequeños, cuidados y protegidos.
Al escuchar frases como “yo solo”, “no quiero ir al cole”, “quiero dormir contigo”,” esto no me gusta”, los adultos debemos interpretarlo no como un síntoma de rebeldía y desobediencia sino como una señal de un sano deseo de querer crecer. Pero que sea una reacción habitual no quiere decir que no hagamos nada frente a esas conductas.
Los niños, especialmente cuanto más pequeños son, exigen una satisfacción inmediata para sus necesidades o deseos. Un bebé que llora por hambre no entiende de esperas; cuando son algo más mayores, utilizan un reclamo de atención, los primeros juegos también son una cuestión de prioridad o inmediatez. En este proceso de crecimiento, lograr inculcar la virtud de la paciencia y el orden, así como la gestión del tiempo y la espera sin frustración, es un gran reto para los padres, especialmente en un contexto en el que la cultura de la inmediatez que nos rodea no es, precisamente, una ayuda.
Termina el curso y llegan las vacaciones, esos dias en los que, para todos los niños y en especial para los de la etapa infantil, supone un gran cambio. Se pasa de las rutinas diarias de los nueve meses anteriores, muy interiorizadas, a un cambio de contexto, de hábitos, de horarios y, en la mayoría de las ocasiones, de su entorno familiar y social. Pero no podemos olvidar que siempre, y también la época estival, es un maravilloso momento para consolidar todo lo aprendido y reforzarlo con actividades que sumen experiencias de exploración, interacción y descubrimiento.
Durante el curso escolar, el trabajo de los docentes y padres ha estado encaminado a desarrollar conocimientos lingüísticos y matemáticos básicos, conocimiento del entorno -naturaleza, animales y, sobre todo, las personas que lo habitan-, habilidades socioemocionales como el trabajo en equipo, la empatía y la comunicación, sin olvidar la motricidad, tanto la gruesa como la fina.
Con el final del curso escolar llega una pequeña revolución, entendida esta como una situación que puede ser o de cierto cambio o de ruptura total con las rutinas de los meses precedentes.
La música es considerada una forma universal de comunicación. Esto hace que esté presente en todos los lugares del mundo, en todos los ambientes y en cada uno de nosotros.
Según diversos estudios, la música existe desde la prehistoria, como una forma primitiva de comunicación y expresión de sentimientos. Se podría decir que la música apareció en un momento similar a la aparición del lenguaje.
Los beneficios que tiene la música en la primera infancia son múltiples, por lo tanto es imprescindible, en la medida de lo posible, que esté presente en su día a día para lograr un desarrollo integral.
La sobreprotección hacia los hijos es una tentación en la que todos los padres podemos caer en algún momento. Pero si, en lugar de momentos o circunstancias puntuales, es la tónica habitual puede ser una rémora para un correcto desarrollo personal, al limitar la capacidad para afrontar los desafíos de la vida. Educar en la fortaleza puede ser un buen punto de partida para construir con buenos cimientos.
El día a día de la experiencia docente y el contacto con escolares y sus familias nos muestra, con más frecuencia de lo que sería deseable, ejemplos de lo que se ha llamado “padres helicóptero”, aquellos que, con la mejor de las intenciones, sobrevuelan toda la actividad de los hijos -académica, de ocio o en sus relaciones sociales- para controlar e intentar mitigar cualquier dificultad que pueda surgir.
“Los niños hoy duermen dos horas menos de lo recomendado, esto impacta en su concentración y control de emociones” (Marian Rojas Estapé)
En el ámbito escolar crece la preocupación de los docentes por el déficit de sueño que observan en los más pequeños. Ese déficit afecta al proceso de aprendizaje, ya que los niños que no han tenido un descanso óptimo durante la noche tienen un razonamiento más lento, surgen problemas de irritabilidad y falta de autocontrol, afectando también a la memoria.
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