OCTUBRE 2026: Libertad para desprenderse
Somos seres esencialmente sociales. Todos sabemos que eso significa no solamente que no estamos solos, sino que nos fijamos en los demás, intentamos encajar, primero en un entorno cercano y más adelante conociendo un entorno más grande a medida que crecemos. Es especialmente en los años de la adolescencia cuando nos fijamos en los que tenemos alrededor, dándose la paradoja de querer ser “como todos” tus amigos a la vez que absolutamente único.
A veces, el adolescente se siente inseguro, intenta mantener un “perfil bajo” para que nadie se fije en él, pero en ocasiones eso pasa por dejar de ser él mismo, dejar de decir lo que diría o dejar de vestir como vestiría si pudiera mostrarse tal y como es.
Es curioso que esto pase mucho a los adolescentes cuando, en realidad, más que la masa homogénea, valoran las notas de color diferentes, esa gente con personalidad que sabe ser fiel a ella misma en un entorno hostil a la diferencia.
Lo cierto es que no es nada fácil argumentar contra las ideas dominantes. Ir a contracorriente pasa por ser muy fiel a las ideas propias, estar convencido de que responden a la verdad y tener la fortaleza de resistir y respetar la libertad de los demás, aunque opinen diferente.
Si algo hay difícil en la vida es dejar ir. De alguna manera hay que saber desprenderse de gente, planes, viajes e ilusiones que no son adecuados para mí, no me ayudan a crecer o a lograr las metas y objetivos de mi vida. No podemos tenerlo todo -por ejemplo, buenas notas y estar de fiesta todos los días- pero los adolescentes tienen que aprenderlo y es una lección es dura de aprender.
Hacerles comprender que renunciar a un plan, una moda o una persona que no nos quiere no les hace menos valiosos, porque la valía personal no depende de la ropa o los amigos es crucial en esta etapa-
Es cierto que dejar pasar cosas que nos llenaban en la vida es una decisión muy difícil, pero ahí se pone en juego la capacidad específica del hombre, algo que solo nosotros tenemos y que nos hace ricos realmente en la vida: la libertad, la capacidad de elegir el bien.
La coherencia con los principios de la propia vida se va ganando poco a poco. Es muy recomendable vencer las ganas de satisfacer nuestros deseos inmediatamente, aprender a esperar, perseverar en un camino, aunque no haya resultados inmediatos, porque todo lo que merece la pena se suele hacer esperar. Pero lograr esto requiere una preparación, que es la educación.
Hace algunos años, esa espera venía dada por la vida misma: cuando queríamos una canción había que esperar a que sonara en la radio, si veíamos una serie, los capítulos salían de semana en semana y a una hora concreta, si no estabas en casa a esa hora, te lo perdías. No había opción, podías desesperar, pero era superable. No había redes sociales, por lo que si habías quedado con amigos en un sitio y alguien iba a llegar tarde se arriesgaba a quedarse sin el plan. Hoy en día, la lucha por la virtud tiene otro escenario, en algunos casos necesita un entrenamiento más consciente porque no tenemos tantas oportunidades de aprender a esperar, de desprendernos de lo que no me conviene, de dejar ir algo que nos ilusiona.
¿Y cómo se hace eso cuando educamos adolescentes? No es nada fácil, pero se pueden hacer algunas recomendaciones:
- No facilitarles la vida siempre. Si se deja los deberes en casa, se los ha dejado. Debe asumir que le van a poner una mala nota. Lo que cada uno pueda hacer por sí mismo, lo tiene que hacer, esa la manera de crecer. Lo que no quita que nos ofrezcamos ayudarle y le animemos a que pida ayuda cuando sea necesario. No está solo, pero no le sustituimos. Le acompañamos, aconsejamos, escuchamos y orientamos, pero no lo hacemos por él.
- Darles ejemplo. Llegados a esta edad es bueno compartir con ellos, en la medida que pueden entender, situaciones que los adultos tenemos que resolver y posibles soluciones junto con las consecuencias de cada decisión, argumentando con ellos. Un cambio de trabajo, o de colegio, de ciudad, una conversación difícil que hemos tenido con alguien. Los padres son modelos, deben ser líderes en su familia.
- Poner pocas normas en casa, pero cumplirlas y hacerlas cumplir. “En casa no vemos la tele de lunes a viernes”, por ejemplo, o “las series las vemos en familia”, “se baja la basura todos los días”, “debemos cumplir cada uno nuestro encargo”. Las normas son necesarias en una casa para mantener el orden, y todos los miembros de la familia estamos implicados, cada uno como pueda. Lo mismo sucede en una clase, se necesita que todos colaboren.
- No perder las oportunidades educativas que se nos dan a diario. Todos los días tomamos muchas decisiones pequeñas. Que éstas estén encaminadas hacia el bien, hará que cuando tengamos que tomar decisiones importantes tengamos más facilidad para buscar el bien, aunque éste sea más difícil de elegir. La educación presta atención a los detalles. Conocer las reacciones de nuestros adolescentes, como piensan, que deciden y poder ayudarles con una buena pregunta o una reflexión sobre su actuación, en lo cotidiano, marca la diferencia.
En definitiva, son muchas las cosas que podemos hacer para ayudarles a ser fuertes, esperar lo que sea necesario para encontrar la felicidad de verdad y dejar salir de sus vidas aquello que les perjudica. Sin duda es una labor en la que tenemos que ser muy constantes, pero antes o después dará fruto.

