Muchos padres tienen hoy una sensación difusa, difícil de explicar con palabras: sus hijos lo tienen todo, hacen muchas actividades, están entretenidos casi constantemente… y, sin embargo, parecen cansados, irascibles o insatisfechos.
No siempre es cansancio físico. Tampoco falta de capacidad. A veces es algo más profundo y menos visible: una saturación interior provocada por el exceso de estímulos.
Vivimos en una cultura que identifica bienestar con entretenimiento. Cuando el niño se aburre, se busca rápidamente algo que lo active: una pantalla, una actividad, un plan, un estímulo nuevo. Sin darnos cuenta, podemos estar educando niños que no saben estar consigo mismos, que necesitan estímulos constantes para sentirse bien.
Este Sitio Web utiliza Cookies analíticas para mejorar nuestros servicios y la experiencia del usuario. Al navegar en el Sitio Web o interactuar en el mismo, aceptas el uso de estas Cookies.No obstante, puedes cambiar la configuración de Cookies en cualquier momento. Más Información