La autora recibió en 1979 el premio Gran Angular por este libro. Aunque relata cómo era la vida en la España rural de la época, las pasiones humanas presentes en el libro son atemporales: la necesidad de reconocimiento, el trabajo bien hecho, la bondad, la difícil lucha contra “lo establecido” y para salir de la zona de confort, el servicio abnegado como fuente de felicidad, la amistad, la generosidad y el amor.
Narra el viaje interior de Muriel, quien después de superar con las mejores notas la carrera de Magisterio es destinada a Beirechea, un pueblo desconocido, con pocos alumnos y habitantes desinteresados por la cultura, pendientes del éxito de las cosechas, que consideran la educación un lujo innecesario y poco práctico.
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