Abril 2026: ESCUCHAR, COMPRENDER Y GUIAR: EL ARTE DE HABLAR CON TU HIJO ADOLESCENTE
A medida que avanza mi experiencia docente, voy viendo que las alumnas que más confianza tienen con sus padres son aquellas que se encuentran más seguras de sí mismas. Además, toman decisiones más acertadas, asumen sus errores con más deportividad y tienen el corazón más abierto a los demás. Todo esto no se improvisa en la adolescencia, es fruto de años de horas de escucha a los hijos.
Muchas veces se ha comentado que es imprescindible que los padres estemos disponibles y que, al mismo tiempo, los hijos sepan que estamos cerca. En ocasiones hay que replantear la estrategia para acercarnos un poco más a las preocupaciones que llevan dentro y descubrir los lugares donde es más sencillo que ser sinceren o los momentos más adecuados para conversar. Normalmente, esos momentos no serán los que nosotros pensemos ni los que nos resulten más convenientes. Pero es importante que cuando ellos quieran abrirse nosotros les prestemos atención.
Lo que importa en realidad es que estemos atentos a su corazón, a sus inquietudes y a su forma de ver las cosas. Conociendo a nuestros hijos, sabremos entender cuándo necesitan hablar o simplemente que estemos cerca. Probablemente no pedirán nada explícitamente, hay que saber mira e intuir sus necesidades; solo cuando uno está cerca, sabrá el porqué de ese sufrir, qué les puede preocupar, qué les afecta. Si podemos ayudarles a encontrar una solución a sus problemas o, por el contrario, es de esas cosas que no se pueden solucionar en la vida; en esos casos el acompañamiento es enseñanza en sí mismo.
Algunas acciones que podemos intentar para formar a nuestro jóvenes en casa, proporcionarles una educación en valores y conociéndolos un poco más, serían las siguientes:
- Realizar actividades solidarias en familia, al menos de forma esporádica. En esas situaciones les ponemos en bandeja la posibilidad de ayudar al otro. Normalmente en estas situaciones podemos ver la grandeza del corazón de un adolescente, les brindamos la posibilidad de madurar conociendo las dificultades y el dolor de los demás, y poniendo en su lugar los propios. Después de estas acciones valoran mucho su vida, las circunstancias en las que viven, y sus dificultades les parecen menos importantes. Les ofrecemos otras perspectivas, otras realidades que comentar y relacionar con la propia vida. Damos contenido a su corazón y a sus conversaciones.
- Otra forma de ponerles en situación de opinar algo es cuando vemos una película en familia, con contenido que se pueda comentar. En esa situación se podrá ver lo que opinan de distintos protagonistas, actuaciones y hechos que se desarrollen. Da muchas pautas para distinguir lo que está bien de lo que está mal, distinguir qué es libertad de lo que no lo es, acciones moralmente buenas o malas. Se pueden hacer preguntas de cómo hubiesen actuado, o cuáles serían sus motivaciones para realizar tal o cual acción. Son momentos en los que se puede explorar lo que piensan, sus ideales, sus modelos a seguir. De una buena película podemos sacar mucho partido en familia.
- Un plan familiar extraordinario es practicar deportes juntos. En estas circunstancias sale a relucir su sentido de la justicia, su capacidad de superación, sus ganas de mejorar, o su conformismo con lo que uno tiene. En una ocasión una alumna me contaba cómo hacer el camino de Santiago con su familia les había unido a todos mucho, porque se habían ayudado, habían hablado mucho, intercambiado experiencias, compartido incomodidades y conocido a gente nueva. Una auténtica experiencia familiar.
- Un punto esencial es estar en contacto con el colegio. En las tutorías, o en otros momentos en los que podemos preguntarle al tutor, es donde podemos tomar perspectiva sobre nuestro hijo y como vive las situaciones. Armonizar la versión de casa con la del colegio y la que nos cuenta el propio adolescente nos permite ayudarle a ser consciente de su realidad, de lo que realmente pasa y no solo de su punto de vista, lo que es esencial para que se conozca profundamente. Por ejemplo, cuando consideran que un examen les ha salido muy bien y la nota no es la que esperaban, podemos ayudarle a discernir que es lo que realmente ha pasado, cual ha sido el error (falta de estudio, ansiedad en el examen, mala gestión del tiempo, etc) y cómo podemos mejorar en la siguiente ocasión.
Dice Alexander Havard que un líder no nace, se hace. Para que los adolescentes lleguen a ser sus propios líderes, y no tengan que ser liderados por otros, tienen que conocer sus puntos fuertes y débiles, conviene que sepan siempre dónde acudir y quién les puede aconsejar cuando hay una dificultad. No significa que debamos resolver sus problemas siempre, normalmente esto no lo podemos ni debemos hacer. Aconsejar, dejándoles tomar sus propias decisiones, aun cuando sabemos que se van a equivocar (si la equivocación es muy grave habrá que tomar otras medidas). El sentido de una conversación es escuchar, hacer ver, dar otra perspectiva, señalar dónde puede haber un error con muchísima delicadeza, sin que nadie se sienta herido. Decirlo con cariño, de tal manera que siempre quieran volver a hablar…y dejar margen de decisión, no darle respuestas cerradas.
Un detalle especialmente importante es que nuestra escucha sea neutral, es decir, que nuestro inseguro adolescente no se sienta juzgado por haber metido la pata, si es el caso. Muchas veces tendrán que asumir las consecuencias de sus actos libres, y ahí habrá que valorar muchísimo su sinceridad y su capacidad de responsabilizarse de sus acciones.
Tengamos hacia ellos una mirada positiva y optimista, teniendo en cuenta que están en camino de ser adultos responsables, buenos ciudadanos, personas auténticas con las que se pueda contar. Serán los padres y madres del futuro, y pueden hacer, de verdad, de este mundo un lugar mejor.


