¿EN QUE CONSISTE EL PROGRAMA EXPERTO EN EDUCACIÓN FAMILIAR DAIP?

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En la actualidad, la cuestión de la educación y de la necesidad de armonizar las responsabilidades de los distintos agentes educativos reviste cada vez mayor importancia. De entre todos, destaca de manera especial la responsabilidad de los padres, como legítimos protagonistas del derecho a la educación de sus hijos, y la de los educadores profesionales, que ayudan de manera directa a la realización del derecho de los padres.

A ellos se dirige este Programa, convencidos de que la unión entre familia y colegio consigue la mejor calidad de la educación posible.

Ahora bien, ¿cuál es el fundamento de esta educación de calidad y por qué es necesaria la propuesta de un nuevo programa de formación? 

Es clara la necesidad de un cambio educativo profundo que permita a las nuevas generaciones hacerse cargo de sus propias vidas y de las mejoras que la sociedad demanda, para la extensión de los derechos humanos a todas las personas del planeta, y para la superación de las dificultades dominantes en el mundo de hoy: diferencias humillantes en la consideración de persona hombre-mujer; exclusión y marginación social en razón de ideas, sexo, religión, clase social, etc.; injusta distribución de las riquezas; etc.

Este cambio educativo profundo ha de basarse en las características y necesidades del propio sujeto de la educación: la persona humana. Sólo así podremos estar seguros de la bondad del camino emprendido. 

La idea de persona, que fundamenta el cambio de educación que proponemos, distingue en la unidad radical y dinámica de su identidad, tres principios constituyentes y cuatro dimensiones personales en que se expresan.

Entre los principios constituyentes, diferenciamos el de singularidad, el de apertura y el de originación; y entre las dimensiones de la persona, la física, la afectiva, la intelectiva y la volitiva, que también podrían describirse como cuerpo, carácter, inteligencia y libertad.

Singularidad es el principio constituyente que distingue a la persona de cualquier otra. El principio que explica que cada persona sea única, en el sentido más radical: nadie existe, ni podrá existir  igual a ella. Todo lo que haga, lo que piense, lo que ame, lo que aporte o deje de aportar.

Apertura es el principio constituyente de la persona que explica su  relación con la realidad en la que se desarrolla, necesariamente, y la relación con las otras personas entre las que crece como distinta de ellas, pero por ellas. La primera apertura es la del trabajo, no en el sentido contractual, sino en el profundo de descubrimiento y transformación de la realidad circundante; y la segunda la denominamos comunicación, alteridad. Significa, que para ser uno mismo es necesario, ontológicamente, esta relación espacio-tiempo con el resto de los seres, cosas y personas.

Originación es el principio constituyente de la persona que da razón de su existencia. El ser personal no se lo ha dado uno a sí mismo. Se le ha transmitido por filiación mediada, porque los padres sólo son transmisores de vida, pero no principio de la misma. Este principio remite inexorablemente a Dios, creador de la vida por sí mismo. La relación con Dios se encuentra en la entraña íntima de cada persona, como un constituyente de ella misma y explica y fundamenta la necesidad de desarrollar esta relación en el ámbito educativo.

Los principios constituyentes de la persona explican su modo propio de ser, como hombre o como mujer, que son dos modos ontológicos de ser persona. Pero, son las dimensiones en que se expresan estos constituyentes las que resultan más cercanas.

La dimensión física, somática, biológica, la del cuerpo; la dimensión afectiva, con sus emociones, pasiones y sentimientos, a través de la cual nos impresionamos con lo que nos rodea y con quien está en relación con cada uno, que configura el carácter; la dimensión intelectiva, con las distintas operaciones de la inteligencia, para descubrir la verdad; y la dimensión volitiva, con el desarrollo de la libertad personal, que se apoya en la práctica de las virtudes.

De la interacción de los principios constituyentes y las dimensiones de la persona, surgen dieciséis campos educativos, que trabajados sistemática e intencional- mente, constituyen el objeto de esta educación que tiene por finalidad el desarrollo armónico de la identidad personal (DAIP) de cada uno de los hijos, de cada uno de los alumnos.

Aprender a educar de esta manera explica la necesidad del Programa Experto en Educación Familiar DAIP, cuyos objetivos y características describimos a continuación.

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